Sergio Martínez Romo (Cd. Victoria, Tam., 16/05/97)

Cuenta regresiva

A Roberto Arizmendi, porfiado escritor
y amante irredento de la vida

Sergio Martínez Romo.

Dice Roberto en su libro Cuenta regresiva, en relación a la presentación de otro de sus libros, anterior a éste: “me ha tocado por azar, por capricho o juego de la historia y de los calendarios, la presentación de este mi segundo libro de poesía (Historias compartidas), a sólo veinticuatro horas de la muerte de Tancredo Neves”.

No me ha tocado a mí por azar estar hoy aquí con ustedes para hacer algunos comentarios en torno a este libro Cuenta regresiva. Es un compromiso no muy viejo surgido de un reclamo para Roberto, un reclamo amistoso en otra ocasión, cuando le interpelé y le dije que por qué sólo los poetas tenían derecho a hablar de los poetas. Que al oficio del escritor: el oficio de lector.

Héctor Carreto nos dice en la presentación genial de este texto, que le encanta el trabajo de Roberto y la poesía de Arizmendi, porque para el poeta volver la realidad palabras es hacer suya la realidad. Me temo, pese a la genialidad del buen Héctor, que el sentido más completo del poeta cuando escribe sobre la realidad es que también el lector no poeta que la vive todo el día tenga derecho a comentarla.

La gentileza del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes y de la Casa del Arte la anuencia de Arizmendi y la paciencia de ustedes, me brindan la oportunidad de participar en la presentación de este su libro Cuenta regresiva y con ello cumplir con el trato que les refería de que no solamente los poetas tienen el deber de comentar a los poetas sino los lectores el deber de responder con su oficio al oficio del escritor.

Roberto Arizmendi, profesional de la educación superior, pero de oficio poeta, me ha sido cercano y familiar por más de treinta años. Durante tres décadas y más he admirado y envidiado y compartido, por fortuna, su capacidad de escritor y su tenacidad porfiada por la expresión rimada.

Roberto en su obra le habla al amor y a la soledad, a la mujer y a la ciudad, al capital y a la provincia, en donde busca desesperadamente sus raíces, entre Aguascalientes y Sonora, y en medio de esta distancia, también con ustedes en Tamaulipas. Esta oportunidad, como dice en su Cuenta regresiva, me da a mí aquello de deletrear el mapa del poeta, su oficio que exige del lector su obra.

Voz estudiantil del Aguascalientes de los sesentas, porfiado en la máquina mecánica del diario local escribiendo las noticias, fue cronista apasionado del fervor y la pasión al final de los sesentas. Promotor de la universidad en los setentas, ha sido todo el tiempo, sin embargo, versista, escribidor de la vida y la naturaleza. Buscador incansable del sentido de la existencia; nómada por vocación, diría Carreto; navegante sin puerto, diría el mismo Roberto:

Marina

Cuando el mar se vuelve brisa
y la noche oscurece todo el cielo,
las estrellas se muestran como faros
que en el gran recorrido de los barcos
alumbran su sendero entre las aguas.

Las blancas luces de estos astros
se perciben apenas y tan tenues
entre las bellas palmas tropicales,
que semejan la chica pueblerina
que esconde la cara entre sus manos.

Arizmendi ha conversado con la soledad y con ausencia, tanto como lo hace con la compañía, por su incansable fervor por la amistad:

La noche

La noche es un mar de soledades,
un álbum de recuerdos
o un insondable abismo de pesares.
No sé si la verdad de mi historia
es la que arrullo en esta noche,
la que voy imaginando
cuando transito el sueño,
la que rasga papeles
para hacer poesía
o la que prematuramente se avecina
para no ver ya más
ni hablar
ni amar
ni nada.

Ferviente jardinero de la amistad, cultivada con dedicación oriental y latina, encontró un nuevo sentido de la vida en sus ya seis visitas a Brasil. Oriental, porque si ustedes se han fijado, no he visto una lista más larga que le permite con toda puntualidad y pertinencia enviar a sus amigos una pequeña nota en las fecha adecuadas:

Para caminar juntos

Para que no me olvide
de sonreír
a cualquier hora,
par ver cada mañana
el sol brillante,
déjame llegar
hasta el estadio
de tus fantasmas y piratas,
recorrer contigo recónditos lugares
que tu imaginación construye.

Para ser niño
soy tu amigo
con tu fiel relato
corro por el campo
sin medida
ni obstáculos absurdos.

Te regalo mis años
y mi vida
para que hagas dibujos
y tus cuentos,
para que no pongas
todo blanco
azul
color de rosa.

A los adultos
el fardo del tiempo
les dobla las espaldas,
se niegan a morir
aunque traigan a cuestas
muchos años.

A Roberto le es familiar la muerte. Si hiciéramos un comentario académico diríamos que es como Igor Caruso en donde la vida y la muerte van de la mano. Roberto, sin embargo, recupera el sentido de la vida con ello:

En la despedida

El día que muera
acércate un poco
a musitar una palabra,
mi oído atento
escuchará el sonido.

Enciende un cigarro
con la flama
que esté mitigando
la penumbra.

A través del humo
podrás inhalar
lo poquito de vida
que me quede.

Roberto le habla a la ciudad; a la provincia y a la capital:

Las calles de la ciudad

Las calles de la ciudad
son frívolas y pendencieras,
dispuestas para el amor
a todas horas.

No esconden nada
-las perversas-,
tienden trampas
y ríen satisfechas
cuando los hombres se destruyen.

Dan para todo.
También saben gozar el tiempo
amar a luz del día
y tejen redes
para que nazcan esperanzas.

Han aprendido con el tiempo
a hacerse sordas,
a no nombrar las cosas
por su nombre,
a guardar silencio,
a hacerse cómplices
o ser mordaces.

Pero también
les llega su verano
y las lluvias levantan tierra,
basura, desamor,
desesperanza.
Limpian todo
para que luego
el cielo reinicie
sus encantos.

A recorrer las calles

Súbeme a tu bicicleta
y llévame
a recorrer las calles
y la historia.

Enséñame
a forjar ilusiones
en la vida
a descubrir la lluvia
y a construir los sueños
entre avenidas o jardines
de noche o a media tarde,
donde sea.

Arizmendi conversa continuamente con el amor, la bohemia, el vino y la mujer:

El poema eres tú

A la mitad
de la noche,

en el sueño
o la vigilia,

con luna creciente
o lluvia de esperanzas,

el poema
eres tú.

 

Para tu libertad, el gozo.

La historia está cubierta de ti,
mujer,
por todos sus rincones.

En la tierra,
los senos
y el vientre floreciendo;

en los abismos,
la dulzura del pubis
que se ofrece;

a la mitad del bosque,
el fresco olor de pinos
entre las piernas y tus labios;

en cada amanecer,
la diáfana sonrisa
que florece;

en la noche,
el rayo de luna
que se convierte en semen
para tu gozo sin palabras.

Le decía yo a Roberto que en el tiempo ya tan largo, fue muy interesante ver cómo después de cierto dubitar por la crónica y el ensayo periodístico en los setentas, prefirió consolidar su vocación por la vida y la poesía. Un sentido muy particular de la poesía en donde confluyen tristezas y alegrías, soledad y compañías:

Desdoblar la historia

Desdoblar la historia
y encontrarnos de nuevo
con la misma cara perdida,
los insectos
comiéndonos la carne.

Roberto Arizmendi, tenaz y leal consigo y su otro yo, hoy disfruta y ensancha la obra lograda; ha dialogado con Neruda, ha sido entusiasta con Sabines y amante del Brasil y sus sonidos; admirador urbano de la convivencia urbana, porfiado hilador del tiempo, obsesivo trabajador de la palabra y perfeccionista de la rima, entre el hombre y la mujer y el eco de sus propósitos, amante de la vida y gambusino de las letras.

Roberto, para muchos, nosotros entre ellos, transmite poesía -romántica, dirían algunos-, creo yo que transmite poesía con amor realista: el amor contradictorio y conflictivo que es muy difícil poner en letras. Transmite con ello su intenso entusiasmo por el hombre, su escéptico pensar en el futuro. Y, con todo ello, la esperanza, les decía, me llama la atención muchísimo.

Reencuentra en Brasil en sus ya seis visitas; me queda sin embargo, la ventaja relativa de decirle: yo lo vi primero; me queda la envidia sin embargo de haber visto el Brasil, primero, no lograr expresar en el escrito lo que Roberto puede. En un viejo balbuceo, después de una visita a Brasil en 1971 fue Roberto quien me ayudó a darle forma a algunas líneas que hablaban de un entusiasmo amoroso por una paulista de ojos verdes y pelo claro. Demasiado lejos para regresar, suficientemente lejos para soñar, con una amistad cercana que me permitió escribir un verso, en el viejo sentido de Il Postino de Neruda. Roberto recordaba hoy que el cartero le dice a Neruda, cuando Neruda le reclama que usara sus versos para enamorar a la después su esposa, Il Postino le dice: “el verso no es de quien lo escribe, sino de quien lo necesita”.

Si alguna vez ven esa película, entenderán de lejos lo que de cerca ha sido la oportunidad de vivir en muchas ocasiones, cercano a Roberto Arizmendi y conocer de bulto su pasión por la vida, el amor y la mujer.

Mayo de 1997.

 

____________________________________

Comentarios hechos en la presentación del libro Cuenta regresiva, en el Instituto Regional de Bellas Artes de Tampico, Tamaulipas, el 15 de mayo de 1997 y en La Casa del Arte en Ciudad Victoria, Tamaulipas, el 16 de mayo de 1997.

Trackback URL

Los comentarios están cerrados.