Rosendo García (Toluca, México 26/08/81)

Las cartas del tiempo

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Rosendo García

Acerca de Las Cartas del Tiempo quiero decir que para mi es un libro de infancia, en el sentido más fuerte y más puro de esta palabra. Desde la infancia fuerte y pura parece venir este libro de Roberto Arizmendi.

Lo sentí más fuerte cuando habla de la vida tranquila, de la vida natural, que cuando escribe palabras de desencanto, de protesta o de rabia; su luz es siempre nueva, la rabia puede ser siempre vieja y pienso que a fuerza de tirar sus líneas desde aquella raíz natural, encuentra la voz fuerte que busca, para lapidar con sus textos, para descargar desde su obra los tiros más certeros.

Roberto es un poeta a quien le muerde los pies el pavimento, como él lo dice; pero como es natural lo muerde más lo que no se ve que lo concreto, lo muerde la soledad y el amor cuando dice aguas/ sombras/ luces/ todo ancestral/ todo ahogado/ todo/ fue/ y/ vino/ y/ se/ deshizo/ y entonces/ llegaste/ tú/ mujer/ niña desierta/ niña aprendiendo a amar/ niña de espaldas al llanto.

Le preocupa a Roberto la ciudad irritante, la huida y otras cosas obscuras pero gana con la luz.

En cuanto a la forma externa, naturalmente busca música e inventa música desde sus eptasílabos bien logrados y de algunos endecasílabos que hacen cantar muy buenas sílabas. En las primeras páginas del libro encontré alguno muy limpio, muy luminoso, que dice el gusto de saber que amanecimos.

En su poema “Noviembre”, dice Roberto en dos eptasílabos, “nos pareció que el mundo se nos quedaba en nada”. Dentro de la libertad métrica hay aciertos musicales en líneas tan libres como esta: es como si el mundo/ a los veinte siglos de esta muerte/ siguiera contando los pasos de la sombra. En otro poema dice en una línea muy bien templada: llegó la noche con su carga de amarguras. En otra parte muy libremente, y tú presente buscando la ruta más corta de la vida/ la senda azul de lo que no se sabe/ nos buscamos a cada momento/ nos encontramos en algunas de las horas nuestras/ fuimos detrás del aire alcanzando bosques y cantando el viento.

Un poema muy breve que releí mucho por su carga concentrada, que se llama “Juntos”, dice, recárgate en la sombra/ para que puedas sentir la oscuridad de cerca./ Vámonos todos/ a matar la sombra de las soledades.

Para terminar quiero, con unas líneas suyas, pedirle que siga buscando la chispa prolongada para dar testimonio de la luz desde la prístina esencia del ser.

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Texto leído en la presentación del libro Las cartas del tiempo, en la “Capilla Exenta”, Plaza Fray Andrés de Castro-Portales, Toluca, Mex. el 26 de agosto de 1981.

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