Caracas, Venezuela (2000)

Recital en Caracas, Venezuela.

11 de Febrero del 2000

Roberto Arizmendi leyó una selección de sus poemas en el Recital Poético organizado por la Universidad Simón Bolívar, en el marco del XXX aniversario de su fundación, realizado el viernes 11 de febrero de 2000, en la Galería de Arte de la Biblioteca Central de la USB.

El Recital tuvo como marco el maravilloso escenario integrado con la Muestra de grandes pintores venezolanos del siglo XX, donada por Blanca Álvarez a la USB.

La Profesora María Teresa Novo, Directora General de Extensión Universitaria de la Universidad Simón Bolívar, hizo la apertura del acto señalando datos curriculares del poeta y rasgos de su perfil como escritor y como especialista en educación.

El escritor venezolano Arturo Gutiérrez hasta hace unos días Director General del Centro de Estudios de la Casa Rómulo Gallegos, dependiente del CELARG, tuvo a su cargo la presentación del poeta. En su intervención, señaló que la obra de Roberto Arizmendi es una poética que intenta indagar en lo cotidiano; una poesía que enfatiza, que hurga en la experiencia inmediata, instantánea, en la experiencia de vida; una poesía que es quizá la más difícil de hacer, porque es la de apariencia más sencilla, que no busca apelar a códigos herméticos ni busca torceduras mayores en el lenguaje, sino que desde su propia diafanidad intenta reflexionar y ver ese otro lado de lo cotidiano que nunca vemos.. Se trata, también, de una poesía de la errancia, una poesía que no deja de mirar un viajero.

____________________________________________________

Presentación.

María Teresa Novo

Quiero darle las gracias por estar con nosotros y quiero darle las gracias a Arturo Gutiérrez quien leerá algunos comentarios de especialistas en poesía mexicana y hará un comentario sobre sus apreciaciones personales de la poesía de nuestro invitado de hoy, a quien también les presento en este momento: Roberto Arizmendi, poeta mexicano nacido en Aguascalientes.

Yo voy a hacer solamente una referencia de algunas de las obras y de la trayectoria poética de nuestro invitado, porque en su largo recorrido por la literatura se destaca una numerosísima lista de libros de poesía y no solamente de poesía.

Sus libros comienzan a publicarse en el año de 1981, hasta esta fecha, en que tiene tres libros terminados y en proceso de edición, por ejemplo: Las cartas del tiempo, Historias compartidas, Oficio de amar, Navegante sin puerto, Verano que no termina, Cantos perdidos, Inaugurar el sueño, Entre bruma y humedad del puerto, Inventar la lluvia y tres libros en proceso de impresión: Confeso de amar, En medio de la noche y Sueños.

A pesar de que estas son publicaciones a partir del año 81 hasta la fecha actual, ya desde el año de 1971 el poeta Roberto Arizmendi siendo estudiante en la Universidad Nacional Autónoma de México publica sus primeros poemas en revistas especializadas, gacetas, periódicos y distintos medios de publicación universitarios y del medio cultural mexicano; por lo tanto, había ya una obra extensa que estaba caminando por el mundo de las publicaciones. Ha tenido numerosa premiación y una labor poética destacadísima en las letras mexicanas, en donde sabemos que la poesía es un culto y un cultivo riguroso. Obtiene algunos premios por su obra poética: gana el primer premio de los Juegos Florales “Carlos Pellicer” y recibe una mención de honor en el Concurso de la Revista Punto de Partida de la UNAM.. Esto es en su primera etapa.

Además está en permanente contacto con sus lectores y lleva recitales y lecturas poéticas a muy diversos auditorios en toda la geografía de su país, como museos, bibliotecas, universidades, casas de arte, etc.; y de otros países como en Roma, Estados Unidos, Italia y ahora en Venezuela, donde tenemos ese privilegio

Además de ser un extraordinario y gran poeta, de lo cual va a hablar con mayor propiedad Arturo Gutiérrez, ha desempeñado algunos cargos y ha publicado también en el campo de la educación universitaria; es un veterano en las lides de la administración de la educación superior, en donde ha ocupado cargos de responsabilidad como jefe de planeación y desarrollo, director de difusión cultural, secretario de la rectoría, en las universidades Autónoma de Tamaulipas y Autónoma Metropolitana; igualmente en la red del sistema universitario se ha desempeñado como asesor y coordinador de educación superior de su país.

Esta amplia experiencia le ha permitido la publicación de numerosos ensayos sobre temas afines a la educación como la planificación, la investigación y la administración educativa en su país.

Ha sido antologado en México y en los Estados Unidos en los años de 1972 y 1995, respectivamente.

Nos acompaña hoy con sus lecturas este reconocido escritor mexicano, distinguido en su país con numeroso premios y además, por la trayectoria en el terreno que a nosotros más nos toca directamente en la Universidad, por todo ese cúmulo de experiencias como directivo y representante de sus universidades, como experto en planificación, y por supuesto como poeta.

Voy a dejar primero a Arturo Gutiérrez para hablar de la obra de Roberto Arizmendi y después al propio Roberto que hará una reseña sobre la poesía contemporánea y después leerá, por supuesto, algunos de sus textos.

____________________________________________________


Comentarios sobre la obra poética de Roberto Arizmendi.

Arturo Gutiérrez

Es un placer y gran honor para mí poder presentar hoy al poeta Roberto Arizmendi Realmente fue una sorpresa la posibilidad de hacer esta actividad en la Universidad Simón Bolívar, donde a través de la Dirección General de Extensión Universitaria y Talleres, tratamos de incentivar este tipo de actividades donde lo literario forme parte de la vida cotidiana de la comunidad universitaria de esta universidad.

Lo que yo podría decir de la obra de Roberto es breve en la medida que la conozco poco, pues la conozco de una semana para acá; lo cual no es inusual porque más que un continente este es un archipiélago, donde cada país de América Latina de alguna manera tiene una literatura que vale más de lo que ella estima o de lo que se reconoce afuera; es el caso particular de la literatura venezolana y el desconocimiento de la obra de Roberto es un reflejo de eso; no es nada poco habitual que eso suceda entre nosotros y la idea es fomentar estos espacios para ir un poco a contracorriente y un poco subsanando deudas con nuestra literatura.

La obra de Roberto Arizmendi es una poética que intenta indagar en lo cotidiano; una poesía que enfatiza, que hurga en la experiencia inmediata, instantánea, en la experiencia de vida, una poesía que es quizá la más difícil de hacer, porque es la de apariencia más sencilla y que puede llegar al lector común, al lector de todos los días, una poesía que no busca apelar a códigos herméticos ni a torceduras mayores en el lenguaje, sino que desde su propia diafanidad intenta reflexionar y ver ese otro lado de lo cotidiano, ese otro lado de lo de enfrente, que nunca vemos porque lo tenemos enfrente. Creo que se trata un poco de eso, en forma agregada, pero también se trata de una poesía de la errancia, una poesía que no deja mirar un viajero, por eso entre otras cosas está aquí con nosotros. Su recorrido y su curriculum demuestran que conoce la geografía planetaria como pocos.

Para sintetizar estas ideas, quiero hacer lectura de algunos comentarios críticos de otros poetas escritores mexicanos que han trabajado en profundidad su obra. En particular el escritor Carlos Santibáñez, quien dice que destaca “su firme vocación poética de navegante sin puerto, de caminante en aguas profundas. Su poesía lanza el dardo en el lugar adecuado, leva anclas en los rincones más imprevistos, siguiendo siempre un imperativo: el de nombrar lo que mira y lo que toca, con la incredulidad del navegante que descubre todo por primera y única vez, que se sabe arrojado a un mundo al cual no volverá, y va de tránsito, extrayendo el secreto de las cosas”.

Otro escritor mexicanos califica a Roberto Arizmendi como un poeta de la plenitud y el gozo; me refiero a Eduardo Martínez Hernández, cuando afirma que es un “poeta de la plenitud y el gozo porque todo en él es optimismo; sin a veces decir amor, sus poemas son el más hermoso testimonio del amor. Producto del equilibrio emocional y sensitivo, busca contagiar, cantar, transmitir parte de su universo y su esperanza, compartir parte de su verdad”.

Asimismo, viendo otra perspectiva de la obra del poeta Roberto Arizmendi, José Luis Guevara dice que en el lenguaje de su poesía sobrevive la vida cotidiana y propone su manera de ver el mundo y compartirlo; “en su obra el amor y la soledad, el recuerdo y el sueño, la amistad como compromiso humano, son manifestaciones siempre presentes, como en los ciclos de la naturaleza; asimismo, la esperanza, como actitud, se emparenta con la utopía; y es que un rasgo fundamental en la poesía de Arizmendi, que al mismo tiempo puede resumir su mensaje, es su actitud ante la vida. Va por la vida insatisfecho pero optimista, creando y creyendo en utopías, como son la poesía y la educación, saboreando cada expresión de vida propia y ajena; va describiendo sus experiencias y contando sus amores, con optimismo, con ganas de encontrarle sentido y gozo a cada día; esa es la fuerza que da, que transmite en cada verso; porque así también va construyendo su actitud ante la muerte, con el mismo optimismo…

Para concluir mis breves comentarios, yo creo que tenemos hoy la oportunidad de escuchar en la voz del poeta Roberto Arizmendi, una poesía que nos va a ser cercana. Creo que uno de los mayores problemas de la poesía contemporánea para el lector común es que se hace intraficable, se hace realmente lejana. Yo creo que en este comienzo de milenio y en este nuevo siglo, la propuesta del poeta contemporáneo, es acercarse de nuevo al común, fundado a partir de lo cotidiano, del rescate de lo cotidiano.

Es una ocasión particular y singular la presencia del poeta Arizmendi aquí y yo no quisiera agregar más sino dejarlo a él con su palabra y su poesía.

___________________________________________________

El camino, esencia de mi vida.

Roberto Arizmendi

Los caminos de la poesía, como la vida misma, son impredecibles. Soy andante incorregible, y cada día despierto a la luz para descubrir en las horas el nuevo tiempo que se anuncia y construir los sueños que perfilan los linderos y colores del mundo que se anhela.

No se puede encarcelar ni enmudecer al poeta, quien avanza cada día armando rompecabezas y construyendo el mundo a través de la palabra.

No es la poesía solamente la expresión intimista o el manejo preciosista del lenguaje y de las técnicas literarias a través de un cultismo decadente o la reafirmación de valores estáticos y obsoletos. El poeta observa y percibe, imagina y sueña, y esculpe de nuevo el mundo a través de la palabra que lo nombra. Entrelaza su voz o la descubre en medio de los momentos más íntimos, en los cuales el ser se reencuentra consigo mismo o se reinventa en el amor que lo realiza y trasciende, capturando el tiempo. A veces, el poeta se vuelve irreverente, niega las formas y las normas o rompe los castos oídos con su poesía.

La poesía profundiza y trasciende por lo esencial de su contenido, más que por el apego formal a las técnicas literarias que con el tiempo se transforman. Lo esencial del ser, es valor en sí y esencia de la historia que le da sentido al tiempo.

Creo más en el valor de lo esencial de sí, que se transmite y comparte, que en las técnicamente precisas formas del poema perfecto, pero vacío e intrascendente. En todo caso, a un contenido esencial y trascendente se le puede adicionar belleza en su forma y estructura.

Soy producto de los avatares e influencias de la poesía mexicana.

México no ha sido ajeno a los movimientos literarios de los países hispano americanos e incluso de otros lugares del mundo, cuando han marcado fuertemente su influencia.

Los escritores mexicanos no pueden separarse de las diferentes corrientes: romanticismo, surrealismo, realismo socialista, modernismo, etc.

La poesía mexicana -por hablar de la creación literaria de los poetas mexicanos- ha recibido también la repercusión de acontecimientos que han permeado toda la vida social, como la influencia cultural francesa de finales del siglo XIX y principios del XX; la revolución armada de 1910, sus procesos caudillistas y los reacomodos políticos, económicos, sociales y culturales; el surgimiento de una nueva “república” del saber que surge de y sustenta a la nueva “república” del poder, a los nuevos esquemas que comienzan a darle forma al equilibrio político que habría de perdurar por varias décadas como “el milagro mexicano” que sustenta su estructura política en un partido oficial; los movimientos sociales de la década de los sesenta que, en México, encuentran su climax en el movimiento estudiantil del 68 que crea frustraciones y asimilaciones, pero que empuja a la emergencia de una voz de llanto y dolor, de impotencia frente a la fuerza salvaje del poder y la represión, a un cierto desaliento, a la desesperanza; la guerra de Vietnam; la Revolución Cubana; la guerrilla latinoamericana; el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile; la irrupción del rock y paralelamente las canciones de protesta (Violeta Parra, Mercedes Sosa, Soledad Bravo, Alí Primera, Oscar Chávez, Víctor Jara); al desarrollo explosivo de la tecnología aplicada no sólo a la producción de bienes de capital sino de consumo cotidiano como la comunicación, el acceso inmediato a la información y a los sucesos mundiales; la ampliación de los límites de la percepción y ubicación de todos los seres humanos en un universo cada vez más cercano al planeta tierra, aunque sólo se pise la superficie de la luna; el boom de la literatura latinoamericana; y ahora, el agotamiento del sistema político mexicano y la búsqueda de nuevos esquemas de estructuración del país: una nación en busca de un nuevo modelo que aún no se comienza a trazar, pero se ha desdibujado el anterior históricamente ya concluido.

En este mosaico, surge la estética literaria, el manejo de la palabra, la construcción de la voz libre, la modelación de utopías: la poesía comprometida en lugar de la voz intimista de corte romántico, para convertirla en la voz intimista del dolor y la impotencia, o de la pluma “activa” y en ocasiones hasta militante.

Después de los sesentas tormentosos, comienzan a perfilarse con más fuerza dos principales corrientes dentro de la poética mexicana: la corriente culta o cultista con Alí Chumacero, García Terrés, Tomás Segovia, Octavio Paz, entre otros, aunque no puede enmarcarse a todos en un mismo grupo, ni puede considerarse que formalmente se ajusten a una misma escuela, técnica o estructura formal.

Por otra parte, la poesía coloquial, cotidiana, irreverente y de aceptación popular, con Jaime Sabines, Rosario Castellanos, Efraín Huerta; y la presencia de Neruda y Vallejo, como refuerzo o faro que seduce; quienes sin dejar de reconocer la importancia del correcto y buen uso del lenguaje y la palabra para expresarse, sus contenidos son más importantes para comunicar lo esencial de sí aunque se tenga cierta flexibilidad o laxitud en la precisión o en la técnica literaria o se abre espacio al verso libre, aunque siempre buscando la musicalidad del verso. En esta línea surge también el trabajo de difusión a través de ediciones modestas o “marginales” y la publicación de revistas, de entre las cuales destaca Pájaro Cascabel dirigida por Thelma Nava.

En otros géneros del arte, también surgen caminos paralelos, tratando de encontrar nuevas formas de expresión. Se niega la moralidad rancia, la melosidad en el canto, las normas, las viejas formas de expresión y ejercicio pleno de la sexualidad y todo aquello que huele antigüedad y obsolesencia.

Y sin embargo, viene el tiempo de la concreción de una búsqueda y en esta línea surgen voces sólidas como José Emilio Pacheco, Eduardo Lizalde, Gabriel Zaid, Guillermo Fernández, Oscar Oliva, Juan Bañuelos, por citar a algunos.

La generación de los actuales, los poetas de la segunda mitad del siglo veinte, (José de Jesús Sampedro, Eduardo Langagne, Efraín Bartolomé, José Joaquín Blanco, José Luis Rivas, Héctor Carreto, Sandro Cohen, Ricardo Castillo, Vicente Quirarte, Roberto Vallarino, Luis Miguel Aguilar, Silvia Tomasa Rivera, Juan Domingo Argüelles y otros más); ellos son quienes están armando, ahora, una obra consolidada, con productos maduros, con la profundidad y mesura que dan los años. Su obra aún está concretándose, algunos tienen varios libros ya publicados, pero no se puede decir que la hayan concluido y menos que haya sido valorada integralmente.

Y las nuevas generaciones, la de los poetas nacidos en el último cuarto del siglo y que ahora están entre los veinte y treinta años (por citar sólo algunos: Dana Gelinas, Luis Armenta Malpica, Rocío González, Elizabeth Algrávez, Raquel Huerta, los talleristas -aún anónimos para una gran cantidad de gente- y muchos nombres que todavía permanecen en la sombra de los pequeños círculos porque no han rebasados sus linderos). Son jóvenes de empuje que están recibiendo más apoyo que en décadas anteriores, en todo el país y ya no solamente en la capital o las principales ciudades, y que van forjando una poesía cuya denominador es la búsqueda de formas nuevas, novísimas, de la misma manera que el sistema político futuro, el cual aún no inventamos para construir otra nación, pero que ellos están comenzando a bocetar a través de teclear cuartillas y revisar pantallas.

En mi poesía se encuentra plasmado un camino que es la esencia de mi vida; en él se crean y re-crean los más profundos sentimientos y los más altos valores que mi ser abriga; ahí se acuna la esperanza y en él surgen la dicha, el reto, el gozo cotidiano y la plenitud que se comparten.

El camino es búsqueda, una búsqueda constante e insatisfecha.

Uno de los valores esencial del hombre es buscar, como actitud de vida. Así, se multiplica el contenido de la existencia, la cual se concreta en la historia personal que se comparte y en los aportes precisos para decantar la historia social en la que participamos de múltiples maneras.

Y en ese andar -placer irrefragable- encuentro la luz, el horizonte, los tonos de los días, la dimensión precisa de nuestro universo.

Caminante irredento y buscador empedernido, he descubierto lo esencial del ser humano y encontrado el amor como reafirmación de las horas y como flujo vital del espacio que se vive.

El amor es objeto de creación poética, cuando digo con palabras e imágenes lo compartido. Es un canto de lo cotidiano. Mi poesía me refleja y es un espejo fiel de lo que vivo cada día, pero encuentra sentido esencial al compartirlo.

La creación, en cualquier forma de expresión o género del arte, deja de pertenecer al creador en el momento que concluye, y se convierte en patrimonio de todos quienes se acercan, observan y se apropian para, de alguna manera, re-crearla o hacer con ella sus propias y muy personales “lecturas”.

A muchos kilómetros de tierras mexicanas, estoy aquí con ustedes, en un país que es parte de esta región latinoamericana que nos identifica y hermana.

Agradezco a la Universidad Simón Bolívar, a la Dirección de Extensión Universitaria, su hospitalidad y generosidad para hacer posible la oportunidad de compartir con ustedes mi poesía, en el marco del XXX aniversario de esta Casa de Estudios, reconocida y apreciada en México, en el ámbito americano y en el mundo entero.

Mi gratitud, también, para muchas personas que han hecho posible con su esfuerzo y labor este recital que está signado con el sello de la poesía, la hermandad, la amistad y el amor. A ellos, mi agradecimiento sincero; y a todos los asistentes que por afecto y amistad o por el simple gusto de compartir poesía están en este espacio, agradezco su presencia, que es impulso y estimulo.

Trackback URL

Los comentarios están cerrados.