Oaxaca 1999

Inventar la lluvia – Oaxaca, Oaxaca, México.

 

Invitaci  nEl viernes 18 de junio de 1999, en la biblioteca “Francisco de Burgo”, sita en el Museo de la Iglesia de Santo Domingo en la ciudad de Oaxaca, Oaxaca, México, se realizó la presentación del libro de poemas Inventar la lluvia, de Roberto Arizmendi, el cual fue editado por la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. En el evento estuvo presente la Rectora, Maestra en Educación Leticia Mendoza Toro y fue comentarista la escritora Thelma Nava, escritora mexicana de amplio reconocimiento nacional e internacional

Roberto Arizmendi o el reino de la luz

 

Thelma Nava

A Roberto Arizmendi le conozco desde hace poco tiempo y sin embargo lo miro como a un viejo amigo a quien conociera de siempre, porque es uno de esos infrecuentes seres con los que uno se encuentra, cuya transparencia y luminosidad nos convierte de inmediato en sus amigos. Siempre es importante saber de dónde viene un poeta, de qué substancia se hizo la persona en sus inicios y en lo que se fue transformando. He sido una atenta lectora de una gran parte de su poesía que por diferentes caminos ha llegado a mis manos. En estos últimos días la he releído varias veces y he podido constatar que entre sus maestros del difícil oficio de vivir está en primer término su madre, de quien aprendió “los secretos de la vida, el valor de la alegría y el gusto de recorrer incansable los caminos”, según afirma en uno de sus poemas. El poeta reconoce esa vocación viajera que le caracteriza cuando señala “Somos eternos gambusinos de oro y perlas de luz” que va descubriendo en cada nuevo sitio que conoce. En esas dos líneas fundamentales Roberto Arizmendi nos muestra cómo, de sus viajes que ha convertido en un ejercicio de vida, sabe encontrar la verdadera esencia que alimenta su espíritu.

En treinta y siete años de quehacer literario, en los que incesantemente ha recorrido diversas geografías del mundo, nos ha entregado sus reflexiones y experiencias vitales, transmitidas en su vasta obra poética y en tres epistolarios. Desde 1962 en que nació formalmente a la poesía, Roberto Arizmendi estableció su poética personal a la que ha guardado fidelidad y supo encontrar su voz propia, que se ha reafirmado y enriquecido a través del tiempo. La solidez de su obra le ha valido reconocimientos tanto en nuestro país como en otras partes del mundo. Como muestra de ello las universidades más prestigiosas de México han publicado y difundido su poesía, la que por otra parte ha publicado en numerosas revistas literarias de México y algunas partes de América Latina. Fue también antologado en 53 poemas del 68 mexicano (Ediciones Edinap, 1972). Ha obtenido también varios premios y menciones en certámenes nacionales.

Considero que, como dice Jaime Sabines, “todos los poemas de un poeta no son más que fragmentos de una carta siempre inconclusa, escrita a un amigo desconocido. El poema es así el testimonio de las horas del hombre sobre la tierra… no hay que tomar muy en serio a la poesía. La poesía ocurre de todos modos como un accidente, un atropello, un enamoramiento, un crimen; ocurre diariamente a solas, en la soledad purísima, cuando el corazón del hombre se pone a pensar en la vida” (“Sobre la poesía”, en la revista Pájaro Cascabel, México, noviembre de 1962).

En Inventar la lluvia, su más reciente poemario, editado por la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, que hoy presentamos, Roberto Arizmendi nos lleva de la mano a lo que es la capacidad intrínseca del poeta, que mediante la palabra tiene el poder de convocar a la naturaleza y de inventar la lluvia y aún el mundo, su mundo. Y no solamente eso, sino que tiene además la capacidad de congregarnos, como hoy lo hace para compartir sus hallazgos. La palabra del poeta es sagrada y su capacidad de evocación es infinita, porque a través de sus poemas nos hace partícipes de su aventura estrictamente personal de poeta, en la que miramos los rostros y lugares que él ha visto. La poesía de Roberto Arizmendi es transparente, directa, sin artificios y por ello llega directo al corazón de sus lectores.

En su libro Vuelo de gaviotas de 1995, en el poema “En mis sueños”, encuentro el antecedente del título de este nuevo poemario, en donde expresa: “…aparécete así, / sin protocolos ni permisos, / y penetra en mi sueño / para que tenga cuerpo tu figura/ y ponernos a inventar la lluvia”

Roberto Arizmendi nos propone en su libro tres grandes temas que son : “La dicha”, “La nostalgia” y “La búsqueda constante”. El poeta nos ofrece nuevos testimonios de vida, de viajes, de la opulencia de nuevos descubrimientos de paisajes externos e internos donde acomodar por un momento el sueño que se sueña, el que se repite a veces a sí mismo y el que nos sorprende en medio de la vida.

Invento el mundo cada día
para hacer de la vida
un juego de imágenes perdidas.

Nos habla de la dicha del amor, de los acontecimientos que se arrastran a lo largo de su historia personal, del calor, el fuego, la multiplicación de los días dentro de una misma costumbre; el lento paisaje, la lenta vida, donde el asombro surge a cada instante, donde todo lo que acontece tiene fuego, por ejemplo la vida y el amor; por ejemplo la muerte, la soledad y el olvido. Como Quevedo cuando se pregunta “¿Qué fantasma en la noche temerosa / el corazón del sueño me desata?”, Roberto Arizmendi alude con frecuencia a sus fantasmas que son las voces que vienen desde el fondo de la memoria y traen a veces sensaciones diferentes, una lengua distinta y todo tiene otros colores y otros sabores, esa nota de ausencia que es como la memoria, cuando el olvido regresa y nos penetra. Lentos veranos, una lluvia inventada, un verde siempre alto y siempre verde para los días invisibles que corren por adentro de las horas y se detienen al borde del corazón. Esos fantasmas que le rondan son acaso los recuerdos que llegan desde la infancia, las evocaciones de amores pasados que dejaron profunda huella en él o tal vez las obsesiones que acompañan a todos los poetas.

La lluvia, agua viva, es en Roberto una ensoñación sin fin. El agua del cielo, la fina lluvia es convocada una y otra vez en una de las ensoñaciones más materiales y más naturales que existen, “porque la ensoñación natural guarda siempre un privilegio para el agua dulce, para el agua que refresca y quita la sed”, diría Bachelard. La lluvia es también el agua dulce que envuelve voluptuosamente a los cuerpos en la ronda amorosa y que por el poder que el poeta le confiere a través de la palabra, la vuelve real en su mundo amoroso e incluso la convierte en mar, como lo dice en el poema que sugiere el título del libro:

Adentro, oculto,
el tiempo juega
a ser olas del mar
con su rítmico reflujo;
juega a inventar la lluvia
bajo techo.

Inventa nuevas luces. En su poesía está siempre presente la nostalgia. La lembrança o saudade que tiene una bellísima definición por parte de dos grandes escritores portugueses. Para Antonio de Souza Macedo (1631) saudade significa en portugués un afecto interior, un ansia por ver la cosa amada, un pesar por tenerla ausente. Para Duarte (1854) saudade es una sensación del corazón que proviene de la sensualidad y no de la razón y deja percibir a veces las sensaciones de pena y duelo. Y precisamente, una gran parte de la poesía de Roberto Arizmendi está impregnada de saudade, que como ya lo hemos visto, es algo más profundo que la palabra castellana nostalgia y que ha sido asimilada por el poeta, quien no solamente es un enamorado de Brasil, sino también un profundo admirador de la literatura portuguesa contemporánea: Pessoa y Saramago son algunos de sus autores más cercanos.

El poeta “construye caminos sobre el tiempo”, reinventa lo maravilloso y nos hace partícipes de las grandes historias, que no son más que hechos sencillos y Arizmendi lo sabe, lo intuye, lo pone en forma de poesía y entrega sus reglas de juego a nosotros, sus lectores. Para su vida y su poesía no hay fronteras que lo limiten. En la parte final de su libro, “La búsqueda constante”, nos habla de sus caminos interiores, de “la vida/ (que) no se acaba, / nunca”.

Como un buen amoroso de la estirpe de Sabines nos dice:

El tren había partido
y en él iba completo mi equipaje.
Ando ahora en busca
de una nueva vida.
Ya no recuerdo nada..
Mi familia
mis amigos
mis amores
son sólo un recuerdo pasajero.
Estoy aprendiendo a amar
de nueva cuenta.

Oax Inventar la lluvia 1 18.VI.1999 El poeta empieza así un nuevo ciclo vital que nos hace preguntarnos: ¿Qué nuevas geografías se encuentran en su constante recorrido por el mundo? Cada viaje hacia los lugares desconocidos y a los sitios revisitados continuará alimentando su esperanza, en una aventura personal cada vez diferente, de la que regresará como un guerrero victorioso a contarnos nuevas historias que enriquecerán su espíritu incansable de buscador de sueños, más allá de la utopía, más allá de sí mismo, que compartirá con nosotros a través de su poesía. Es un compromiso.

Muchas gracias.

Armando rompecabezas
a través de la lluvia y la poesía.

 

Roberto Arizmendi

La lluvia es imagen que se convierte en hilo conductor para ir armando el rompecabezas de la vida, y reflejo de lo esencial del ser humano y de la historia. Fenómeno atmosférico que es transformación de la humedad en un flujo poético de gotas que lo alumbra todo, lo limpia o cauteriza. Surge de las entrañas de la tierra o de las cimas del planeta y alimenta al mar, que es la imagen reiterada de la inmensidad y la cercanía que se toca, de la fuerza y la quietud, de la bravura y la nobleza, de la fiereza y la placidez.

La lluvia, como el mar, es también imagen polifacética, que refleja las contradicciones cotidianas de la vida y del mundo, las cuales se repiten a través de los siglos.

Es símbolo del baño que limpia, revitaliza, quita hasta los prejuicios, diluye los fantasmas, refresca la esperanza, estimula el deseo y propicia el sueño; sueño, en cuanto acto de predeterminar el horizonte deseado, con sus tonos y colores, para levantarse a construirlo desde la madrugada.

Pero también la lluvia es símbolo de llanto, desamor, desesperanza o desaliento. Puede ser el reflejo de la desilusión, la soledad o el desencanto.

El título de este poemario, Inventar la lluvia, refleja el acto esencial del ser humano de realizar de manera permanente el esfuerzo de búsqueda, como actitud de vida, como afán cotidiano de descubrir lo nuevo que llega cada instante y los secretos que aguardan por ahí, en cualquier recoveco del camino o en cualquier espacio perdido del universo que habitamos. O también una forma de encontrarle otra dimensión a las adversidades que laceran. A fin de cuentas, esa es la manera en que el hombre transforma sus afanes y avatares, en plenitud que alumbra la senda para darle sentido y dirección precisa. para arribar a puerto seguro. en donde espera un nuevo tiempo para vivirlo.

El poemario refleja las contradicciones de la vida. El hilo conductor de sus 134 páginas es el amor, motor que mueve al mundo desde las primeras referencias de la historia. El amor, como la vida, es caja de resonancia de la dialéctica de la historia, de la vida humana, del hombre.

El amor es confluencia de humedades; de lluvia que es expresión del cariño que de mil formas se inventa o se descubre. La lluvia es, entonces, plenitud, gozo, éxtasis, concreción, deseo, renovación, búsqueda para ir armando todo en la vida a la medida del deseo, en el espacio preciso de la plenitud y el gozo.

Una gota recorriendo lentamente la superficie plana y traslúcida del cristal de una ventana , es más que la soledad que se esconde en el espacio inactivo de la alcoba. Pero también, una gota que recorre el cuerpo es seductora, es una caricia interminable que se renueva.

Así, entonces, la lluvia es todo.

Este poemario que hoy presentamos, Inventar la lluvia, ha sido publicado gracias a la generosidad de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. Es una muestra más de la sensibilidad de sus autoridades por apreciar, estimular y difundir la belleza que se genera a través de las expresiones del arte, de la misma manera que se aprecia y difunden los productos, que en el campo de la ciencia, la tecnología y las humanidades, genera la universidad como reflejo de su quehacer académico.

Expreso mi reconocimiento por la línea de trabajo académico de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca y mi gratitud a su Rectora y a los funcionarios que hicieron posible ofrecer a ustedes, y a otros lectores, estas páginas que pretenden ser una expresión de mi cotidianeidad, hecha poesía a través de la palabra.

Oax Inventar la lluvia 2 18.VI.1999

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2 respuestas a “Oaxaca 1999”

  1. Andres Chiriboga dice:

    La saudade es la poca clemencia que tiene el corazon con nuestro ser….. es la inexistencia de la certeza…de saberse querido….

    Excelente….saudade…asi me siento…..

  2. Oscar Preciado dice:

    “Saudade” es un término que desde que lo conocí por voz de Roberto Arizmendi, y después lo escuché en una canción de Madredeus, me ha intrigado. Todavía no sé a ciencia cierta si exista un sinónimo en castellano.
    Pero recientemente encontré la siguiente definición de “Saudade”, escrita por Miguel Falabella, un actor brasileño.

    Saudade
    Por Miguel Falabella

    Agarrarse el dedo con una puerta, duele.
    Golpearse la cara contra el piso, duele.
    Torcerse el tobillo, duele.
    Una bofetada, un puntapié, duelen.
    Duele golpearse la cabeza con el borde de la mesa, duele morderse la lengua.
    Una carie y las piedras en los riñones, también duelen.

    Pero lo que más duele es la saudade.
    Saudade de un hermano que vive lejos.
    Saudade de una cascada de la infancia.
    Saudade del gusto de una fruta que no se encuentra más.
    Saudade del papá que murió, del amigo imaginario que nunca existió…
    Saudade de una ciudad.
    Saudade de nosotros mismos, cuando vemos que el tiempo no nos perdona.
    Duelen todas estas saudades.

    Pero la saudade que más duele es la saudade de quien se ama.
    Saudade de la piel, del olor, de los besos.
    Saudade de la presencia, y hasta de la ausencia consentida.
    Tú podías quedarte en la sala y ella en el cuarto, sin verse, pero sabiéndose ahí.
    Tú podías ir al dentista y ella a la facultad, pero se sabían allí.
    Tú podías pasar el día sin verla, ella el día sin verte, pero sabían del día de mañana.
    Pero cuando el amor de uno acaba o se torna menor, al otro le sobra una saudade que nadie sabe como detener.

    ¡Saudade es básicamente no saber!
    No saber más si ella continúa sufriendo en ambientes fríos.
    No saber si él continúa sin afeitarse por causa de aquella alergia.
    No saber si ella todavía usa aquella mini.
    No saber si él fue a la consulta con el médico como prometió.
    No saber si ella se alimentó bien últimamente por causa de esa manía de estar siempre ocupada.
    Si él estuvo yendo a las clases de inglés, o si aprendió a entrar en la Internet y encontrar la página del Diario Oficial. Si ella aprendió a estacionarse entre dos coches.
    Si él continúa prefiriendo la cerveza oscura; si ella continúa prefiriendo jugo de naranja.
    Si él continua sonriendo con aquellos ojitos apretados…
    Si ella sigue bailando de aquella forma enloquecedora… si él continua cantando tan bien.
    Si ella continua detestando Mc Donald’s.
    Si él continua amando; si ella sigue llorando hasta en las comidas.

    ¡Saudade realmente es no saber! No saber qué hacer con los días que son más largos; no saber como encontrar tareas que detengan el pensamiento; no saber como frenar las lágrimas al escuchar esa música; no saber como vencer el dolor de un silencio…
    Saudade es no querer saber si ella está con otro, y al mismo tiempo querer.
    Es no saber si él es feliz, y al mismo tiempo preguntar a todos los amigos por eso…
    Es no querer saber si él está más flaco; si ella está más linda.
    Saudade es nunca más saber de quien se ama, y así mismo doler.

    Saudade es esto que sentí mientras estaba escribiendo y lo que tú, probablemente, estés sintiendo ahora después de leer…

    “En alguna otra vida debemos haber hecho algo muy grave para sentir tanta saudade.”