Miguel Manríquez (Hermosillo, Son., 17/04/96)

Cuenta regresiva

Cuenta regresiva: augurio y percepción
de la nostalgia *

Miguel Manríquez.

Un día de plano
no sabes ni cómo amanece el mundo.

R. Arizmendi / Cuenta regresiva.

Hace algunos años -no muchos, por cierto- me encontré con un importante funcionario -en ese entonces- de una institución educativa en la ciudad de Hermosillo que sufría de una rarísima afección: escribir poesía y, por si fuera poco, buena poesía. Después de todo, tenemos que aceptar que un funcionario poeta no es cosa de todos los días a pesar de que hay algunos que, sin escribir, se instalan, sin duda alguna, en la ciencia ficción, la policiaca y hasta en el realismo mágico. Entonces, supe que era Roberto Arizmendi. Más tarde supe que se iba de la ciudad; no tuve conocimiento de su destino profesional ni personal. Tiempo después y, para mi sorpresa, el cartero (cuyas visitas a dejar correspondencia no eran frecuentes) dejó un libro de Roberto Arizmendi y, meses después, otro título de Roberto Arizmendi y luego otro libro de Roberto Arizmendi; cada uno de ellos con unas breves y cálidas líneas a manera de dedicatoria.

La lectura de esos libros me confirmó lo que muchos años antes había percibido en las charlas con Roberto Arizmendi: se trataba de un poeta que tenía que trabajar de funcionario y no a la inversa, un funcionario que tenía que trabajar de poeta (el día que suceda esto último en México… estaremos en la modernidad). Confirmé también que, sin desearlo, tuve el privilegio de conocer la obra de Arizmendi en diferentes etapas y divesos momentos por lo que el libro que hoy se presenta no me es ajeno por ningún lado: ni por el autor, ni por el antologador, ni por el material presentado, ni por la editorial, ni por la institución que lo publica. Luego entonces, resulta que deshacerse de Roberto Arizmendi y su poesía es una labor imposible porque simple y sencillamente uno se resiste a olvidar a la buena poesía, los excelentes poetas y, sobre todo, los buenos amigos: esos que no dan lata nunca, que están provistos de una bonhomía natural, discreción a toda prueba y, sobre todo, talento. Con este libro confirmé, también, que Roberto Arizmendi es muchos poetas que coexisten, sin discordia alguna, en el mismo artista.

Por otra parte, siempre he pensado que la presentación de un nuevo libro es, al margen de cualquier consideración ética, la llana invitación a un público a su lectura. Invitar a la lectura no es describir prolijamente su contenido y, aprovechando el texto, exponer la mayor parte de sus ideas. Se trata de provocar un acercamiento de los posibles lectores, de aprender nuevas cosas mediante la reflexión acerca de lo que nos dicen los poemas, se trata, a fin de cuentas, de conocer más (sí, adivinaron ustedes) el periplo de un autor cuyo oficio consiste en transitar por el lenguaje y el mundo sin más elementos que su percepción.

Tradicionalmente, se piensa que el quehacer poético es labor de unos cuantos ilustrados del pueblo o cuando menos actividad non sancta para unos no menos santos sujetos. Por otra parte, creer en la existencia, categoría decimonónica todavía vigente, de la “inspiración” como una forma de trabajo -o no trabajo- de la cual queda excluida la inteligencia sigue floreciendo, todavía, en amplios grupos de individuos. En este caso, no es lo primero ni mucho menos lo segundo ni lo tercero, sino la práctica inteligente de un oficio que ha sido decantado por la disciplina y el tiempo hasta convertirse en un ingenio para percibir el mundo.

Para evitar desviar esta intervención hacia la preceptiva y el elogio gratuito, mejor volvamos, regresivamente por cierto, a Cuenta regresiva. Este libro tiene el mérito de ser un texto que nos concede la oportunidad de revisar la obra de Roberto Arizmendi escrita entre 1962 y 1995 por lo que está provisto de muchas voces y diversos niveles de interpretación. Así, al igual que el autor es muchos autores, Cuenta regresiva es un libro que contiene muchos libros. Se compone de Inventar la lluvia (libro en prensa), Vuelo de gaviotas (Universidad Autónoma de Nayarit, 1995), Cantos perdidos (Universidad Autónoma de Baja California Sur, 1995), El mar origen y destino (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1994), Verano que no termina (Universidad Veracruzana, 1993), Navegante sin puerto (Universidad Autónoma de Querétaro, 1991), Repaso de la vida (Universidad Autónoma de Coahuila, 1990), Oficio de amar (Universidad Autónoma Metropolitana, 1988), Rastreando por la vida (Ediciones Andante, 1987), Historias compartidas (Universidad Autónoma Metropolitana, 1985), Las cartas del tiempo (Universidad Autónoma del Estado de México, 1981), y, finalmente, poemas sueltos publicados en diversas revistas. Como podrá colegirse de este repaso por doce libros, su oficio no es una práctica de hace unos cuantos años sino de un autor con algo que decir acerca del mundo, de la vida y de lo elementalmente humano.

Una manera -relativamente racional- de acercarse a una obra tan compleja y extensa como Cuenta regresiva es estableciendo una serie de relaciones semánticas en la obra de Arizmendi a lo largo de 34 años de labor literaria. Obviamente ello no constituye mas que un ejercicio para una interpretación de las muchas posibles interpretaciones de este libro.

1): La primera de estas relaciones es de orden espacio-temporal. Si bien el espacio es algo más que una unidad física y tridimensional, es en la percepción de éste en donde la captación sensorial del medio se torna distinta y diferenciada por las formas de aprehensión -en este caso poéticas- de ese espacio. Los sujetos tienen imágenes y esquemas que se aprenden o bien se construyen estableciendo así las distancias subjetivas de tiempo y espacio. En otras palabras, la percepción ambiental es también una percepción mental, es decir, simbólica, en donde las personas construyen sistemas para manejar el mundo a partir de su experiencia; en otras palabras, las categorías espaciales representan un espacio simbólico.

La percepción sea esta autocéntrica (el sujeto) o alocéntrica (el objeto) es, en principio, un proceso que implica la noción de una forma espacial, la cognición de un espacio y tiempo y la interiorización que se genera en el individuo. La captación sensorial del medio ambiente es así comprensión y conocimiento. En consecuencia, si la poesía es también captación sensorial del entorno, luego entonces, es comprensión y conocimiento; por lo que, si Roberto Arizmendi escribe poesía, por tanto, su poesía es comprensión y conocimiento.

El libro se caracteriza porque experimenta en uno mismo -el lector- un medio ambiente ya existente en la memoria de otro -el autor-, a través de sus sentidos, poetizándolo para comprenderlo y, en el mejor de los casos, imaginarlo. El poeta percibe mediante los sentidos un espacio y un tiempo ubicados en su memoria como mecanismo no de recuperación nostálgica e inútil sino para transitar por el mundo real sin amarras, sin dolor y sin fantasmas.

2): El segundo nivel de interpretación es, a mi juicio, una relación dialógica. En otras palabras, se trata de descubrir diferentes niveles de lectura del texto poético para conferirle al discurso la capacidad de comunicar conocimiento y sensaciones. Así, el texto remite significativamente a la naturaleza polisensorial de la percepción que el autor nos propone a través de la forma poética. En este sentido, partimos de la idea de que la forma poética tiene, en principio, dos elementos: lenguaje y estructura. El lenguaje en tanto forma del pensamiento y la emoción; la estructura significa la configuración que toman los distintos recursos estéticos que nos presenta Arizmendi.

En consecuencia, si aceptamos las dos anteriores proposiciones entonces partimos de que en el discurso poético de Roberto Arizmendi se materializan los sentidos. Por una parte, la visión activa en continua exploración a través de los espacios (la calle, el mar, la playa); la luz (la luz sobre la calle, sobre los cuerpos, sobre el cabello); la noche como espacio físico primero y detonante de los sentimientos; el color (lo negro como origen y destino); y las formas (las ciudades, los horizontes, el mar, la sinuosidad femenina). Luego está el sentido del olfato, sentido emotivo y primitivo, que recuerda personas y lugares que enriquecen el ejercicio memorioso: el aroma del cuerpo como elemento evocador de las cosas amadas o bien utilizar el indicio del olor para descubrirnos el entorno. En otra esfera tenemos el sonido: el ruido de la calle como ubicuo espacio acústico y visual que es fuente y alimento del poeta. En resumen, los sentidos como recurso para establecer fronteras entre el hablante poético y los otros: ver y ser visto, oler y ser olido, recordar y ser recordado, amar y ser amado.

3): Por otra parte y en distinto nivel de interpretación, propongo la relación referencial, es decir, la memoria. El trabajo de Roberto nos recuerda que la función de la memoria -absolutamente individual, cálida y serena- es crucial en las diversas fases de comprensión del discurso. En otras palabras, para entender los poemas es imprescindible reconocer que la memoria juega un papel fundamental en la comprensión del discurso y es, al mismo tiempo, un elemento que da coherencia semántica al libro.

Es precisamente la memoria la que articula el conjunto de trabajos que ahí aparecen. Veamos con más detenimiento lo que trato de decir. La coherencia semántica del libro estriba en que todos los poemas están sucesivamente conectados entre sí: un poema remite, irremediablemente, a otro poema de otro libro en otro momento de la producción del poeta lo cual deriva en el establecimiento de relaciones condicionales entre éstos fincados en el recuerdo, llámese nostalgia o memoria, Por tanto el poeta vuelve sobre sí mismo a través de distintas formas poéticas: transita del poema breve al extenso, del verso libre a la métrica, del tono coloquial a la brevedad metafórica, de la biografía personal al mundo externo. Ello le da al libro una sólida estructura formal, en tanto que la memoria -a manera de íntimo exorcismo- es un elemento fundamental para organizar el conocimiento del mundo: el mundo de lo cotidiano, y al cual el poeta, generosamente, nos invita a participar de su experiencia y su sentido. En otras palabras, el discurso tiene aquí una función ritual que nos permite transitar sin sobresaltos y con amor a otro espacio y a otro tiempo que no es el nuestro.

Para argumentar esta idea de coherencia semántica realizamos un ejercicio relativamente irrespetuoso pero igualmente ilustrativo. Tomamos los dos primeros títulos de cada una de las trece partes escritas en diferentes épocas que componen el libro y, respetando su secuencia, armamos un poema que contiene a los demás, es decir convertir los títulos en el poema matricial y supradiscursivo que totaliza la obra de Arizmendi:

Inventar la lluvia
en medio de (tus) sueños:
tu nombre,
rumbo a[l] (tu) encuentro,
[se] determinó mi vida con tu silencio:
se iluminó tu cuerpo.

El mar,
el mar es nuestro espacio
descubriendo secretos,
tiempo exacto del amor,
las huellas de la historia.
Sueño
por la vida:
¿cómo pude no haberte encontrado antes?

Canción de amor para el tiempo
en la espera
[del] recuento
[en medio de] la noche.
El fantasma
[es] mundo nuevo
[que] busca la línea del camino,
el inicio
[del] amor en la ciudad:
hoy susurró la palomita
[mientras]
hacemos con nuestro llanto tu poesía.

4): Una última relación es la interpretación temática. Desde esta perspectiva, sólo anoto que el libro se puede abordar como la composición entrópica de un conjunto interdeterminante de poemas en cuyos temas aparecen personajes, circunstancias y lugares esbozados sin prisa y sin arrepentimiento alguno. Los poemas se convierten así en el lugar -aparentemente caótico- en donde la memoria se abarlora con el amor para terminar el largo viaje aprendido por el poeta. El resultado natural de ello es que terminamos por confirmar que Cuenta regresiva adquiere cada vez más sentido en su relectura porque a Roberto Arizmendi le ocurre lo que a los buenos poetas: un buen poeta, mientras más lo leemos, cada vez escribe mejor.

Finalmente, para sintetizar mi comentario sobre la obra de Roberto, retomo la idea sostenida por Coleridge cuando dice que el misterio en la creación poética es, al igual que el arte en general, un proceso que busca convertir lo externo en lo interno, hacer de la naturaleza pensamiento y del pensamiento naturaleza.

 

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* ARIZMENDI, Roberto, Cuenta Regresiva, Antología poética 1962-1995, Selección y notas de Héctor Carreto, (Colección Ojos de Búho, N° 11), Editorial UNISon, Hermosillo, Sonora, 1995, 408 pp.

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Texto leído en la presentación del libro Cuenta regresiva, en el Vestíbulo del DICTUS de la Universidad de Sonora, Hermosillo, Son, el 17 de abril de 1996.

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