Inaugurar el sueño (1997)

 

14.Inaugurar el sue  oEditorial La Tinta del Alcatraz,
(Colección La Hoja Murmurante, Nº 284),
Toluca, México, 1997, 24 pp.
Portada e ilustraciones: José Rosales Bruno.
ISBN: 968-6279
“Descubro cada día la vida con tus luces” p.9

 

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Descubro cada día la vida con tus luces

Son las doce de la noche,
hora en que la luna hace
un juego de espejos
para que la vida se vaya acomodando
a su capricho,
para que surja el tiempo en los relojes
sin el avance de las manecillas
que mágicamente adormecen luz y espacios.

El tiempo es nuestro.
No hay más dolor
sino saber que tu piel
a veces
se me escapa.

Todo huele a simiente
en esta hora,
a sabor de madreselvas.

La vida es recuerdo
entre el bosque de tus muslos
y el aroma fragante de tu cielo
sobre las sábanas
pulcras aún
a pesar de tus caricias.

Se escuchan a lo lejos
sonidos de carros
maullidos de gatos sin cadenas;
insectos nocturnos adornan la oscuridad
como recuento de segundos de amor
cuando la lluvia arriba hasta la alcoba
en homenaje a destellos ya vividos.

Tu piel es un enjambre de tormentos
y esperanzas.
¿Cómo he podido amarte
si no hay más conocimiento
que tu palabra suave
entre el barullo de las estaciones?
Toda la vida ha sido descubierta
con tu tacto,
tus ojos,
tus aromas.
Las olas del mar se mezclan
inmisericordes
entre la tersura de tu viento
y el húmedo sabor anhelante de tus labios
que me sacian.

Descubro cada día la vida
con tus luces
y no hay augurios de tormenta.

La muerte no existe.
Mienten quienes escriben loas por ella
o se ahogan insaciables en el llanto.
La muerte es algo más que los ritos
de ausencia y plañideras;
es algo inalcanzable
cuando el sabor a lluvia
inunda el aire de los días.

Es tan dulce el aroma de tus labios
que nunca llegará la muerte.

No es cierto que se acabe el tiempo;
no puede haber final de nada
cuando la luz alumbra el infinito
y en él anidas tú
fantasma de sorpresas,
visión perenne de presagios
de donde surge el alba
sin recelos;
ahí estás
siempre
en espera de la noche
para que los espejos jueguen
con nuestra voz
y nuestros cuerpos
hasta que inaugure de nuevo la luz
la madrugada.

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