Hermosillo (2001)

El pasado lunes 11 de junio de 2001, en punto de las siete de la noche, se llevó a cabo en el Auditorio del Centro de las Artes de la Universidad de Sonora, en Hermosillo, Sonora, la presentación del Libro-Disco compacto titulado «Poema vuelto canto» co-editado por la Universidad Simón Bolívar de Venezuela y la Universidad de Sonora de Hermosillo, México.

El Libro-CD «Poema vuelto canto» contiene poemas de la autoría del poema mexicano Roberto Arizmendi y la musicalización realizada por Jesús «Chúo» Ruiz, músico y cantante venezolano. Ambos autores estuvieron presentes para el recital de presentación.

Roberto Arizmendi y Jesús «Chúo» Ruiz juntaron sus sentimientos, gozos y voces, una escrita y otra melódica, para dar vida a «Poema vuelto canto». Consideran que «la poesía es un canto a la plenitud y al gozo o al llanto y la soledad. Sentimientos que brotan del alma y requieren de la insustituible compañía de la música y la poesía, expresiones artísticas del ser humano que siempre han enfrentado el reto de descubrir la magia de la vida en todos los instantes, para expresarla en cada palabra y en cada nota musical que nacen del acto creativo, como testimonio del encuentro con la vida».

Roberto Arizmendi (Aguascalientes, México, 1945) se identificó con la literatura desde muy joven. Sus éxitos comienzan a ser vistos desde 1957 cuando obtuvo el segundo lugar en un concurso estatal de literatura. En 1952 comenzó a escribir y a publicar sus primeras poesías en diferentes revistas. En 1977 ganó el primer lugar en los Juegos Florales «Carlos Pellicer» de Xalapa, Veracruz, México. Y en 1981 apareció su primer libro de poesía publicado, al que le han seguido otros 16 más.

Jesús «Chúo» Ruiz, venezolano, ha sabido combinar su pasión por la música con el urbanismo. Es egresado de la Universidad Simón bolívar de Venezuela, en esta especialidad, pero desde hace más de 10 años vive en el mundo del espectáculo. Es compositor, cantante y productor. De sus trabajos musicales destaca «Ganando cielo» un compendio de música venezolana que editó en 1996. En 1991 representó a Venezuela en el XX Festival OTI de la Canción, celebrado en Acapulco, México. Algunos mensajes navideños, promociones musicales institucionales, producciones para televisión y música publicitaria, tienen el sello creativo de este artista.

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The poetry of Roberto Arizmendi or the flapping of the musical word  

Jorge Sáenz Félix

At the beginning of the cultural times, they were the word and music a single flesh. The ritual act, the magic incantation, the celebration of life fused in oneself body: the singing poetry. To say poetry was to say music; and the music demanded the word to endow the feeling. To all this Roberto Arizmendi  returns (Aguascalientes,1945). His poetry is basically song, flight, to flutter at the rhythm of the world as its blood turn tints; poet’s wine spilled harmoniously on the page in white. The poem of the Chilean  Gonzalo Rojas leaves it very clear: the rhythm is Born form anybody… / (…) it gets thin / to go by the beautiful beat / of the blood… For something this contemporary author titled it «Classic Chord» . And if the boquet of poems that today is to be listened is called  «a Poem turned into song «, then Poetry, flight, song could have been called as well». or «I am poet turnes into song»:, because the birds sing, the poetic word flies and  the stave notes can perfectly embody in a bird of tattooed wings by signs that speak about the mystery of  existence. In fact in the poem «I Learn how to name you without words», Arizmendi flies with the voices that touch him»: …»But your voice arrived / as echo / through the wind». Voices that inhabit the poet, voices that take him to the first silence : «Today I learned how to tell you / without words / that love you. In another text, he expressed: «Pale sunset, quiet, taciturn / ancestral sound of birds / that take their song everywhere»,  to finally land like an in love bird in the same world flesh: «It is the crucial hour / to trace your body / the tact reaffirmation / lutes oratory «Let us stop in the recently read verses. Body, letter, tact, music, concreted, materiality of the intelligence life. The true poetry embodies, it goes from the paper to the transfiguration of the verifiable reality of the senses and the sense. The poetic word flies as the bird toward its female: It touches her in the middle  of a natural, daily, and sacred music. The poet only knows about the instant, and he understands that only in that tiny piece of time it is possible to peek the eternity. I Go to your encounter …he says in other lines …and it is worth to leave him touch us with his inspired wings, the poet… with the heat of the time / that is a promise / the test of wind / that impels me to your niche …he could have written » nest «… but let us leave it this way, because he knows that the love of the one who listens to the poetry,  is kind of a feeling mystic . » Oratory » has said before. Music. Life as sacrarium of life. Real life, the only one  we know and that the bard, the one possessed by the divine furor», like Plato assured, invites us to intoxicate with life, with the glorious verification of being alive, to pour wines for the joy. 

 

Gabriel Zaid tells us: » There is not possible recipe. Each reader is a world, each reading is different: «New water runs after the water», said Heráclito; 

nobody embarks twice in the same river. But reading is another way of going aboard: what happens and  runs in our life, on an immobile text. The passenger that disembarks is another: he no longer reads with the same eyes».

If  we add  the poet’s voice that gives us the strength of his deepest and intimate emotions; that of the musical author that appropriates of the light that floods the loves; the voice that  sings to remind us of each shade, as each word, they are only, unfinished, wrapped in the infinite; and we culminate with the exceptional seasoning of your presence; You are conjugated, but, individualities: your name, our name;  Roberto Arizmendi and Jesús «Chuo» Ruiz to begin a trip together from which we will return being others. More owners of  Life, because here we will share the strength of the love made song and poetry. 

Let us then «discover the day, the night and rest in the sea of fullness» As  syllable to syllable Roberto Arizmendi invites us.  

Thank you 

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La poesia de Roberto Arizmendi o el aleteo de la palabra musical

Jorge Sáenz Félix

En el principio de los tiempos culturales, fueron la palabra y la música hechas una sola carne. El acto ritual, el conjuro mágico, la celebración de la vida,se fundían en un mismo cuerpo: la poesía cantada.Decir poesía era decir música; y la música exigía la palabra para dotar de sentido el sentimiento.A todo esto vuelve Roberto Arizmendi (Aguascalientes,1945). Su poesía es básicamente canto, vuelo, aletear del ritmo del mundo en su sangre vuelta tinta; vino de poeta derramado armónicamente sobre la página en blanco. El poema del chileno Gonzalo Rojas lo deja muy claro:»Nace de nadie el ritmo…/(…) se adelgaza/ para pasar por el latido precioso/ de la sangre…» Por algo este autor contemporáneo lo tituló «Acorde clásico».Y si el ramillete de poemas que hoy escucharemos se dice un «Poema vuelto canto», podría haberse llamado «Poesía, vuelo, canto», o «soy poeta: vuelo, canto»:, pues las aves cantan, la palabra poética vuela y las notas del pentagrama bien pueden encarnar en un pájaro de alas tatuadas por signos que nos hablan del misterio de la existencia. Precisamente en su poema «Aprendo a nombrarte sin palabras», Arizmendi vuela con las voces que lo tocan:»…pero llegó tu voz / como eco / por el viento».Voces que habitan al poeta, voces que lo llevan al silencio primigenio: «Hoy aprendí a decirte / sin palabras / que te quiero».En otro texto, expresa: «Pálida tarde, quieta,taciturna / sonido ancestral de aves / que llevan su canto a todas partes», para aterrizar, cual ave enamorada en la carne misma del mundo: «Es la hora crucial / para trazar tu cuerpo / reafirmación del tacto / oratorio de laúdes». Detengámonos en los versos recién leídos. Cuerpo, letra, tacto, música, concretud, materialidad de lo vivo. La verdadera poesía encarna, va del papel a la transfiguración en la realidad constatable a los sentidos y al sentido. La palabra poética vuela como el pájaro hacia su hembra: la toca, enmedio de una música natural, cotidiana,  y sacra en su terrenalidad. El poeta sólo sabe del instante, y entiende que sólo en esa pizca de tiempo es posible atisbar la eternidad.»Voy a tu encuentro»…dice en otras líneas…y vale dejar que nos toque con sus alas inspiradas el poeta… «con el calor del tiempo / que es promesa /el sabor del viento / que me impulsa hasta tu nicho»…Pudo haber escrito «nido»… pero  dejémoslo así, porque él sabe que el amor de quien presta oído a la poesía es una especie de místico del sentir.»Oratorio» ha dicho antes. Música. La vida como sagrario de la vida. La vida real, la única que conocemos y que el bardo, el poseído por el «furor divino», como aseguraba Platón, no hace sino invitar a embriagarnos de vida, de la gloriosa constatación de estar vivos, para escanciar vinos para el gozo.

Gabriel Zaid nos dice: » No hay receta posible. Cada lector es un mundo, cada lectura diferente: Nuevas aguas corren tras las aguas dijo Heráclito;

nadie embarca dos veces en el mismo río. Pero leer es otra forma de embarcarse: lo que pasa y corre en nuestra vida, sobre un texto inmóvil. El pasajero que desembarca es otro: ya no vuelve a  leer con los mismos ojos». (termina la cita)

Si a ello agregamos la voz del poeta que nos regala la fuerza de sus emociones íntimas; la del autor musical que se apropia de la luz que inunda los amores; la voz que canta para recordarnos que cada matiz, como cada palabra, son únicas, irrepetibles, inacabadas,  envueltas en el infinito; y culminamos con el aderezo excepcional de la presencia de cada uno de Ustedes; se conjugan, así, individualidades: su nombre, nuestro nombre; el de Roberto Arizmendi y Jesús «Chuo» Ruiz para  iniciar juntos un viaje del que habremos de retornar siendo otros. Más dueños de la Vida, porque aquí compartiremos la fuerza del amor hecho canto y poesía.

Dispongamonos pues, a «descubrir» el día, la noche y retozar en el mar de plenitudes» como nos invita sílaba a sílaba Roberto Arizmendi.

 

Muchas gracias

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Poesía y música, esencia de vida.

  

Roberto Arizmendi
  

La historia de la humanidad, en todas las épocas, nos ofrece muestras reiteradas del intento del hombre por expresar lo que a través de los sentidos va recogiendo en el camino, a la luz del día o en la oscuridad de la noche, en público o en la más pura intimidad.

Comunitario de origen, el ser humano logra su plenitud cuando es capaz de lograr lo que ha anhelado, pero fundamentalmente cuando lo comparte con sus cercanos. Nada trasciende cuando se esconde en las cuatro paredes de la intimidad o en lo más oscuro del ser, porque niega la esencia humana y, por tanto, la esencia de la vida.

En el constante recorrer el mundo he aprendido a descubrir nuevos colores para adornar el horizonte. El tiempo ha sido cómplice en la eterna búsqueda, iniciada desde el momento mismo en que la luz surgió para los ávidos ojos que intentaban captar todo, insaciables y ciertos de que el gran reto de la vida era captar a través de los sentidos, con sentimiento y razón, todo lo que en el universo existe.

Así comencé, desde la temprana juventud, a recorrer el mundo para descubrir los secretos que el universo guarda, a la espera de quien los encuentre, los enuncie o los apropie, mas no para almacenarlos sino para transformarlos y adicionarles belleza, y de nuevo ofrecerlos a todos los que coinciden en el sendero impredecible que transitamos.

En ese recorrer incesante supe del valor infinito de la amistad; conocí los colores, el tiempo, el mar y las estrellas; la luna construyó nichos de aliento, comprobé que el amor era el eje nodal de la existencia, aprendí la inexistencia de absolutos, descubrí las múltiples formas del ser humano en su pensamiento, sus sentimientos y valores, y en el modo de perfilar la vida sin temores; fui construyendo los sueños; armé los linderos del mundo anhelado; inventé colores diferentes y un nuevo abecedario; y también llegaron los hijos.

A partir de entonces, mi casa no fue ya sólo mi casa, ni la cocina sólo mi cocina; compartí físicamente el hogar y de inmediato se inundó por completo el espacio y llegó la plenitud sin nombre; un aroma diferenció e hizo único el lugar.

Todo fue comenzar a construir cada minuto la historia de tiempos compartidos.

La vida ya no fue igual, entonces. Reacomodé los tiempos y los nichos, construí un altar para los dioses buenos y aprendí un nuevo abecedario para mis poemas de asombro.

En el libro-CD Poema vuelto canto, se refleja ese amor que cimienta y le da sentido a la existencia.

Como toda la creación literaria, que para mí es oficio vital de tiempo y circunstancias, he sido testigo presencial de un tramo de la historia y partícipe activo de un presente irreductible que a diario se renueva y he dejado que mi voz, vuelto poema, reseñe lo que percibo, siento y vivo.

Este volumen contiene 14 poemas, doce de ellos inéditos y dos ya publicados en poemarios recientes. Jesús «Chúo» Ruiz ha aportado su talento musical y su gran sensibilidad por todo tipo de expresión artística y Rosa Chacón, como productora, hizo el trabajo más difícil, de concertación, promoción, cuidado técnico y gestión para hacer realidad este volumen que hemos denominado producto del gozo compartido.

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