Héctor Carreto (Cd. de México, 05/95)

El mar origen y destino

El mar como océano o el mar como ola:
el último poemario de Roberto Arizmendi

Héctor Carreto

El mar, origen y destino es el título del noveno libro de poemas de Roberto Arizmendi (Aguascalientes, 1945), publicado recientemente por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Como en sus volúmenes anteriores, Arizmendi prosigue su ruta fiel a los asuntos que siempre lo han acompañado: el amor de la pareja, la amistad, la fe en la vida, la intensidad del momento y el sentimiento de añoranza.

Poeta de reflexión y de emociones, Arizmendi elige en ese caso un elemento (el mar), y lo enfrenta en sus diversas facetas, fundiendo con ellas situaciones específicas y conceptos variables. Es decir, se aprovecha en las ilimitadas posibilidades que tiene el mar como símbolo y como don natural. Así, para elaborar textos conceptuales, Arizmendi asume la imagen del mar como una totalidad, y para ella construye poemas concisos y veloces, que se leerán de principio a fin de golpe, como un todo:

El mar es origen y destino
de los sueños;
levamos anclas
izamos banderas
y subimos velas
para darles signo
y encontrar un faro.
El viento
lleva nuestra barca
surcando espacios
conociendo tierras
para tratar de encontrar
nuestros perdidos sueños.

(“Alcanzando sueños”, p. 20)

En cambio, cuando se mete en el mar, en una forma “más personal”, el poeta dilata el discurso y con retazos de vida, sueños, reflexiones y recuerdos arma poemas de tono íntimo y de carácter fragmentario, como “Amantes irredentos”, “Voz itinerante” y “El avance de las horas”, construidos con estrofas autosuficientes que en su diversidad forman y enriquecen un todo. En “Voz itinerante”, una estrofa dice: “No repetir los días, / no hacer del tiempo una rutina”. En otra parte del poema: “No el vasallaje hizo crecer la historia / sino el acto de romper cadenas”. En otra parte, se lee: “Y por ahí dejé mi voz / en cada paso del camino / como palabra y constancia / en este pedazo de historia que construimos”.

El tono de los textos también cambia según el grado de luz. En medio del océano el navegante transita con angustia o serenamente según con la luminosidad que lo guíe: “Mi barca / atraviesa la luz / de las estrellas” (en “Nuestro sendero”). Pero, más que los astros, Arizmendi utiliza un símbolo más cercano y contundente: la luna, satélite que surge en la noche con diverso volumen y desaparece según sus ciclos; esa luna que “ilumina el recuerdo / y teje cantos”. Y en su ausencia “el mar devora / implacable / embarcaciones”.

Navegante por vocación, el poeta abunda aún más en los dones marítimos: nos muestra la postal de una marina que nos otorga la naturaleza: “donde los rayos del sol encuentran su morada / y descubren el mar a todas horas” (p.54). También recrea un mar a través de los ojos de un pintor (p. 71); a la distancia, nos evoca su presencia: “No hay océanos / por donde transitar sobre el tiempo / pero está el mar, / presente como siempre” (p. 79); no podía faltar el mar caprichoso como el amor y como el sueño (p.38), o el encuentro sensual entre la playa y la ola (p. 53). Un mar, en fin, que por lo voluble del oleaje evita la rutina de la vida: “No repetir los días, / no hacer del tiempo una rutina” (p.24). Otros ejemplos muestran el sabor del mar a ritmo de samba (Sólo tu mar”, “Entre los mares de Brasil”).

El discurso poético de El mar origen y destino -y el de toda la obra de Roberto Arizmendi- gira sobre un eje central, sin imágenes intermitentes o lenguaje intertextual que obstaculicen su paso vigoroso y diáfano del primero al último verso. Y es que, una de las mayores preocupaciones de este poeta es el mostrarnos la relación armónica -interna y externa, simbólica y vivencial- del hombre con la Naturaleza de un modo al mismo tiempo diáfano, inmediato, vital y contundente.

 

____________________________________

Texto escrito en marzo de 1995 para su publicación en la revista Casa del Tiempo, de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Trackback URL

Los comentarios están cerrados.