Guanajuato (2005)

En el marco de la Feria del Libro organizado por la Universidad de Guanajuato con el apoyo del gobierno del estado, se hizo la presentación del libro de poesía Sueños, de la autoría de Roberto Arizmendi, el cual salió publicado bajo el sello editorial de la Universidad de Guanajuato, en una velada que se efectuó el 13 de marzo de 2005, con la participación de la poeta Dolores Castro y de Eduardo Langagne, quien tuvo a su cargo los comentarios de presentación de la nueva obra. Estuvieron presentes el Gobernador del estado de Guanajuato, Lic. Juan Carlos romero Hicks y el Rector de la Universidad de Guanajuato, Dr. Arturo Lara, además de otros escritores, maestros, alumnos y gente interesada en el evento.



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Sueños, de Roberto Arizmendi

Eduardo Langagne

 

 

Este breve y sugestivo libro publicado recientemente por la Universidad de Guanajuato, se suma al trabajo constante y a la incansable búsqueda poética de Roberto Arizmendi, quien ha venido construyendo su espacio expresivo con propuestas siempre orientadas hacia un mismo destino: el ámbito entrañable del ser humano.

Su búsqueda, naturalmente, lo ha llevado a encontrar seductoras atmósferas del poema, hallazgos íntimos que por medio de la palabra propone a la colectividad.

Si la poesía comprueba la existencia del hombre, como nos sugirió Cardoza y Aragón, es posible entonces reconocer su presencia indispensable en la actividad diaria.

Hace un poco más de un cuarto de siglo, Jaime Labastida realizó una antología de poemas con tres de los temas más frecuentes en la poesía mexicana: el sueño el amor y la muerte. Así, consideraba ya reflexivamente estos tres espacios temáticos de la expresión en nuestro idioma, temas que suelen por supuesto tener presencia también en las más nuevas ediciones.

Agrego que Roberto Arizmendi ha venido publicando sus maneras de concebir el acto poético siempre relacionado con los anhelos del ser humano. Su íntimo yo lírico se expande en este libro a través de los sueños que le permiten colectivizar esa intimidad. Es en el sueño, cuando el inconsciente trabaja las escenas que sólo ahí pueden exhibirse.

La de Arizmendi es una poesía que nos permite ver dentro del poema y alrededor de él. Como señala la cuarta de forros escrita por el poeta cubano Waldo Leyva, es una casa abierta a todos los puntos cardinales.

La cada vez más estudiada filósofa española María Zambrano nos enseñó la necesidad de realizar un examen de los sueños más por su forma que por su contenido. Así, nos sugiere ver el modo que tienen estos estados del sueño de presentarse. Zambrano observó principalmente dos maneras a) los sueños de la psique, que corresponden a la atemporalidad de la psique, y entre ellos principalmente los sueños de orexis o de deseo, y los sueños de obstáculo, y b) los sueños de la persona, también llamados sueños de despertar o sueños de finalidad, que son los que procuran a la persona la visión necesaria para su cumplimiento. Cuando surgen durante la vigilia, los ha denominado sueños reales, y es necesario descifrarlos como un enigma.

El sueño, los sueños que nos participa Roberto Arizmendi constituyen en su conjunto un solo poema, que puede leerse así. Pero también son sesenta y cinco breves poemas eslabonados, cada uno con su propia identidad poética. Sintetiza de manera sugerente y ordenada los que los sueños presentan a veces de forma desreglamentada y caótica. Veamos unas líneas del primer poema del libro:

En mi sueño
tu voz era un canto inacabado
[…]
y las notas de tu boca
-aun desconocidas-
se convertían en luz […]

En las tinieblas del tiempo el ser humano se dio a la ocupación de sobrevivir a sus propios temores. Después inició la interminable tarea de nombrar las cosas. Cada una iría recibiendo una voz que la denominara y la identificara. Pero después debió nombrar las cosas intangibles, la vida, el amor, la muerte, el sueño, los sueños. Y esos anhelos del hombre, esos empeños, caminaron inicialmente del lado de la supervivencia, pero avanzaron para buscar los mundos nuevos indispensables a sus necesidades vitales.

Nuestros sueños son un símbolo, el sueño del hombre por volar, el sueño por alcanzar las estrellas, la elaborada tarea de nombrar las cosas. El sueño también de vivir feliz en un mundo de justicia y equidad.

El sueño de encontrar la pareja modelada en esa región verdadera e inaprensible.

En la cuarta de forros puede leerse lo que constituye una síntesis argumental del libro Indica Waldo Leyva: “Nos va descubriendo una mujer que no tiene nombre, que está hecha de muchas mujeres, que vive en los sueños, pero que de pronto se corporiza y descubrimos sus olores, la angustia de los ojos […]”.

Es así como el autor de Sueños aparece y desaparece, él mismo, de los poemas y hace aparecer o desaparecer a la mujer múltiple.

Los sueños en el libro de Arizmendi harán un recorrido lírico por diversas emociones pero también enfrentarán circunstancias no del todo favorables. Imaginan y son imagen, que no es lo mismo. Alejan temores pero en contraparte producen nostalgia y abandono. El sueño es imperfecto, reconoce Arizmendi.

La presencia de una mujer, la mujer, las mujeres, estará poblando el sueño. Pero no sólo su presencia, también su ausencia presentida. Para Flaubert: “una mujer dibujada es una sola mujer, una mujer descrita es todas las mujeres”. López Velarde, que ha sido llamado padre soltero de la poesía mexicana, sin dejar de cantar a la mujer piensa que el hijo que no ha tenido es su verdadera obra de arte. Dice Gelman que cuando vino la muerte a llevarse a un hombre, de oficio albañil, le dijo: “tiene que venir también tu corazón”, el hombre contestó: “no lo tengo, mi corazón ha hecho su casa en una mujer”.

Arizmendi encuentra en el sueño a la mujer y su circunstancia, valga el enunciado. La imagen que se diluye como fantasma entre la niebla, por ejemplo, o una presencia intemporal, porque en los sueños el tiempo se mide de otra manera.

En la lectura del libro algunas transformaciones ocurren ante el lector. Se han venido discutiendo desde hace unos años las maneras de comentar los textos literarios por el contexto, el texto o el subtexto, sin embargo, se hace énfasis en que el poema es lo que está escrito. Quien participa en una presentación, como ahora, debe tal vez indicar su propia ruta lectora, las maneras múltiples de acercarse a los poemas y enfrentarse a su percepción…

Mi voz era como un sueño, declara Arizmendi, al nombrar a esa mujer numerosa y desdoblada, destinataria del sueño, representada en las palabras del poema. La mujer que se convierte en sombra de la sombra.

Nadie sabe
por qué
el universo
abriga tus aromas
los sueño en el sueño
y me deleito con ellos
durante las horas de vigilia.

El sueño es lucha, acaso la fricción entre la conciencia y la inconciencia, la mujer verdadera, presencia irrreal en la vigilia, efectiva y real en el sueño. En las noches sin sueño no hay estrellas para invocar a esa mujer hecha de viento.

El libro puede leerse con la participación de todos los sentidos, hay tacto y sabores, imágenes visuales y aromas. Sonidos que vienen al lector como en un sueño.

Todos sabemos lo difícil que es contar un sueño, la vigilia es olvidadiza y confundida, lo que en el sueño se expresa no tiene a veces traducción a las palabras. Celebro por ello la manera en que Roberto Arizmendi nos cuenta y nos canta algunos sueños que pueden ser uno solo, sesenta y cinco fragmentos de un solo poema largo, sueños, en fin, que ahora podemos leer despiertos y compartir.

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