Glafira García de Miranda (Nuevo Laredo, Tam., 17/05/97)

Cuenta regresiva

Comentarios sobre el libro Cuenta regresiva
de Roberto Arizmendi

Glafira García de Miranda

Leer a Roberto Arizmendi es saberlo un poco, compartirlo, apropiarnos de su sentir, disfrutarlo en sus poemas amorosos, sufrir sus congojas y encendernos con sus incendios de piras provocadas en su vivir, de una etapa asaz dolorosamente escrita bajo represiones que le impregnaron de amargas huellas.

Mar, cielo, noche, luna, calles, visten el escenario de su creación. Diáfana, transparente, sin rebuscamientos que opaquen la belleza de la idea, surge su poesía; vívida contagia la emoción a quien se apropia de su sentir, de inmediato. Establece el puente que nos permite transitar a su alma de poeta y nos inunda ya de ternura blanca (como cuando canta a la “La risa de los niños”). Amor, dolor, alegría, todo está allí inmerso y vívido en su creación. Su perfil de poeta es delineado por su obra; multifacética, sencilla, pero hermosa. Hoy mi hoja de papel se viste de colores al describir el deleite que a mi espíritu brinda la riqueza encontrada, casi al azar, en los poemarios de Roberto Arizmendi.

Elegidos con una selectividad muy personal, leeré a ustedes sólo algunos fragmentos de sus poemas, los que a mi juicio son muy hermosos, para no cansarlos.

CON TUS PASOS

La lluvia escurre por tu piel
sin exabruptos ni prejuicios,
te toca el alma
y humedece el sexo,
el viento sabe de ti
porque blandes tus piernas y caderas
en la cadencia del ritmo
y el embrujo del canto
que entonamos.

EN LA DESPEDIDA

El día que muera
acércate un poco
a musitar una palabra,
mi oído atento
escuchará el sonido.

Enciende un cigarro
con la flama
que esté mitigando
la penumbra.

A través del humo
podrás inhalar
lo poquito de vida
que me quede.

LA RISA DE LOS NIÑOS.

Hubiera querido saber
cómo reían los niños
cómo iluminaban el mundo
con sus interrogaciones.

Llamé alguna vez a los niños que lloraban
y supe que su llanto era palabra,
su lágrima sonrisa y esperanza,
su risa felicidad ilimitada.

Yo los vi,
pero nunca pude aprender a sonreír con ellos
hasta aquel día
en que el sol iluminó la senda.

Ese sol eras tú con tu alegría
y caminé con el deseo perenne
de conocer la luz
a todas horas.

AMANTES IRREDENTOS

Quiero hacer de mi boca
un enorme caracol de resonancia
para vestir en el tus pensamientos.
El sabrá de los flujos de mis mares
donde hay cabida para tu esperanza.

Habla en mi caracol para escucharte
duerme en mi barca
y retoza en mi arena
tus fantasmas.

Soñadores somos
en medio del océano.
Sólo tenemos que encontrar el tiempo exacto
en nuestros calendarios
sin dejar de ser errantes buscadores,
amantes irredentos.

ANDANTE

Los creadores son andantes sempiternos.
El andante recorre senderos, siempre en búsqueda constante e insatisfecha, sin ocultar flaquezas. Carga sus obsesiones y fantasmas. Lleva siempre su verdad a cuestas. Nómada del amor y encendedor de fuegos; descubridor de estrellas; artífice de espacios infinitos. Se toma de la mano con los dioses y recorre con ellos senderos celestiales a donde no pueden llegar los satisfechos.

Los andantes aprenden de la vida y de las aves, del canto de las olas marinas y del silencio de los desfiladeros; el viento corre con ellos y la lluvia susurra a su oído un canto eterno de amor.

Los andantes no cantan porque sus propios pasos son un canto. Sus ojos observan y encuentran la belleza agazapada en cualquier rincón perdido.

Los andantes hacen de cada noche un arco iris.
Y aman…

Les acompaña el tiempo y a cada paso saben que están fabricando sus recuerdos para invocarlos en alguno de los senderos del futuro.

Aman y gozan.
Disfrutan cada segundo.
Convierten el instante en infinito.

Los andantes aman, porque saben que sólo el amor
podrá iluminar sus equinoccios.

No los quiero cansar mucho y dejarles la interrogante para que lean su libro que tiene una gran diversidad de temáticas y contiene vivencias fuertes, por ejemplo los poemas que pertenecen a la época de los años sesenta en los que se vivieron marchas de protesta, cuando los estudiantes tuvimos encima la opresión de la fuerza policiaca. En ellos está navegando a veces su sentir.

SIN DEFENSOR DE OFICIO

Volvieron a gritar estas lozas
y se ahogaron los pastos entre la savia púrpura.

El odio llegó de nuevo
para inundarnos
con su embestida de navajas.

Cada proyectil nos dijo la verdad
de este país sin defensor de oficio.

Estaba ya dada la consigna,
y entonces sólo quedaron paradas, intocables
las telas pulcras,
las águilas devorando las cabezas
y las islas de náufragos
entre los pastizales.

Pido perdón por haberme atrevido a tomar el lugar para presentar su libro.

Muchas Gracias.

 

 

 

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Comentarios hechos en la presentación del libro Cuenta regresiva, en la Casa de la Cultura de Nuevo Laredo, Tamulipas, el 17 de mayo de 1997.

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