Cd. Victoria 1999

Inventar la lluvia – Cd. Victoria, Tamaulipas, México

 

Invitaci  n002En la Sala “Juan Fidel Zorrilla” de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), en Ciudad Victoria, México, se realizó el jueves 21 de octubre de 1999 la presentación del libro Inventar la lluvia, cuyo autor es Roberto Arizmendi. En el acto, esuvo presente el C.P. Uriel Dávila Herrera, Secretario Académico de la UAT, así como el Director de Difusión Cultural y Director de Radio Universidad, Lic. Nereo Zamorano. Los comentaristas fueron Guillermo Lavín, director de la revista A quien Corresponda, quien junto con la UAT fue co-organizadora del evento, y Alejandro Rosales Lugo, pintor de larga trayectoria en las artes plásticas mexicanas.

 

Presentación

 

Nereo Zamorano

La Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, la revista A quien corresponda y la Universidad Autónoma de Tamaulipas les dan la más cordial bienvenida.

Indiscutiblemente, y seguramente estarán de acuerdo conmigo, en el cruce de caminos que la vida nos regala, afortunadamente muy seguido, nos ofrece la oportunidad de encontrarnos con Roberto Arizmendi, con su poesía y con ella, con los placeres de la vida, con el amor, y desde luego con el valor de lo que otro gran y queridísimo amigo (José Luis Guevara) diría: “el valor de las utopías”.

Hoy, seguramente con ese valor de las utopías, es el valor de la amistad lo que nos convoca en esta ocasión a este evento.

Como todos sabemos, las universidades públicas de nuestro país juegan un papel importante en la promoción y difusión de la cultura. En ese papel y en ese contexto, la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, se ha distinguido, entre muchas otras cosas, por el gran acervo bibliográfico y por la gran labor editorial que ha hecho desde siempre.

Hoy está con nosotros el Mtro. Isidoro Yescas, Secretario Académico de esta Universidad hermana, quien editó el libro que hoy presentamos.

Como decía hace un momento, en el cruce de caminos que nos regala la vida encontramos a Roberto y en el camino en que encontramos a Roberto encontramos muchas huellas tales como las que mencionó el Matro Yescas, pero una de esas huellas más fuertes que ha dejado Roberto en su camino es la amistad. Muestra de ello es que en el momento en que se presenta originalmente este libro en Oaxaca, la maestra Thelma Nava hizo una hermosa presentación.

Quienes conocemos la poesía de Roberto, sabemos que juega no solamente a inventar la lluvia. Juega con la poesía a inventar figuras, imágenes, que muchas veces son perdidas; él las dibuja con palabras, las rescata y nos las regala en este conjunto de poemarios que hemos tenidos la dicha de leer.

Mvc 847fDesde hace ya algunos años, Guillermo Lavín ha transitado también por los caminos que ha andado Roberto, los caminos de la academia, de la literatura, de la difusión cultural, del trabajo artístico, de la vida bohemia, por ello seguramente Roberto ha querido que en ésta, como en muchas otras noches parecidas a esta, Guillermo esté con nosotros para hablar de su obra.

 

El antifaz del poeta

 

Guillermo Lavín

En el preciso instante en que una persona se inicia como escritor, principia también la elaborada creación de una imagen personal. Cada palabra que escoge, cada frase fabricada, cada vez que se emite una imagen o se recrea una metáfora, el escritor, el poeta, se va creando a sí mismo. La literatura es una máscara del autor. Es el autor, lo que siente, lo que mira en el mundo, pero también es lo que piensan otros, lo que se niega o reniega, lo que un día afortunado se capturó en la conversación de dos personas que hablaban en susurros junto a nosotros, en la mesa vecina del café, lo que le ocurrió a la pareja de amigos. Es un antifaz que se modela conforme pasan los años, conforme se añaden los versos y se suman los cuentos.

Si queremos saber cómo funciona el mundo, hay que leer novelas, cuentos. Si deseamos saber como funcionan los sentimientos, hay que leer poesía. El poeta mantiene una relación constante consigo mismo, dialoga con sus sentimientos y emociones, percibe, gracias a ese estado de excitación febril que le acompaña en la vida, percibe -repito- las emociones y sentimientos en los ojos de quienes lo rodean, en el temblor de las voces, en los gestos y ademanes. Así, el acto creativo que se nutre del exterior y del interior, elabora el material y lo enriquece, lo deshace y lo rehace. Es igual al reciclado del papel: se escoge los trozos de papel usado, se despedazan, se meten en el vaso de la licuadora, se añade el agua y se tritura. Conforme se domina el oficio, se añaden texturas y colores, se aplasta mucho o poco, y luego se seca a la sombra o en un horno. El tiempo y la producción decantan las obras, les dan el tono, el estilo personal. Así el papel, así también la poesía.

Los primeros poemas que conocí de Roberto Arizmendi estaban atrapados en grandes cartapacios, cinco o seis, ya no recuerdo, y yo estudiaba preparatoria. Lo que no olvido, era que seapoderaban de un vasto espacio en su biblioteca. Creo haberle preguntado cómo hacía para tener tanto material escrito. Parece que respondió, como si no le diera importancia, que sólo escribía. Desde entonces me impresionó su capacidad de trabajo. Y es esa constancia la que ha dado a su trabajo una presencia, un estilo, un punto de vista.

Ya perdí la cuenta de los libros que lleva publicados, pero me gustaría nombrar algunos: Las cartas del tiempo (1981), Historias compartidas (1985), Oficio de amar (1987), Rastreando por la vida (1987), Repaso de la vida (1990), Navegante sin puerto (1991), Verano que no termina (1993), El mar, origen y destino (1994), Cantos perdidos (1995), Vuelo de gaviotas (1995), Cuenta regresiva ( 1995), Inaugurar el sueño (1997), Navegar entre amor y desencantos (1997), Entre bruma y humedad del puerto (1998), Estampas de viaje (1998). Ahora, la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca le publica Inventar la Lluvia, donde se suceden tres temas: La dicha, La nostalgia y La búsqueda constante.

El poemario nos permite abrevar sin interrupciones, a diferencia de los poemarios de otros poetas que suelen creer más en la oscuridad que en la luz. Esta nueva entrega de Arizmendi tiene la placidez y la reflexión que se adquieren con el otoño, pero también la pasión del desencanto y la traición. Desde la adolescencia, Roberto viene forjando ese estilo, esa visión, que ahora se nota más definida. Creo que su poesía es él mismo, es ese antifaz que ha creado y en el cual se refleja, como todo buen poeta. Por eso nos ofrece una poesía sin enemigos, donde todo el que busca encuentra, y sale satisfecho. Digamos que siempre habrá al menos un verso para cada uno.

Aquel que conoce a Roberto, sabe de qué hablo. Pero para quien no lo conoce, o no lo conoce lo suficiente, habrá que decirle que su poesía es un amplio lago, abierto, sobre la cima de una sierra. En él se puede beber sin temor. Los pinos que lo rodean, le dan serenidad; pero el cierzo -ese viento que aquí llamamos el Norte- arranca hasta las raíces cuando arriba sin previo aviso. Así la poesía de Arizmendi: tiene el compromiso emocional con los amores y los amigos. Es un brindis constante, que a veces atropella y sacude.

Leer sus epistolarios, que suman ya también varios libros, y leer su poesía es leer en vasos comunicantes. Constantemente sientes que se dirige a ti, pero al mismo tiempo parece que anida una reflexión. El poema Para caminar juntos, para mostrar un ejemplo de esto, dice:

Te regalo mis años / y mi vida / para que hagas dibujos / y tus cuentos, / para que no pongas / todo blanco / azul / color de rosa. / A los adultos / el fardo del tiempo / les dobla las espaldas, / se niegan a morir / aunque traigan a cuestas / muchos años.

Son los versos de alguien que se detiene a pensar en lo que acaba de ocurrir y en lo que seguramente vendrá luego. Imagino que surge de su pluma porque no puede guardar silencio. Ese lago no se puede contener. Pareciera que sólo puede vivir mientras haya quienes se acerquen a él. Son versos-máscara, son versos-espejo. Bien decía Shelley, cuando llamaba a nuestras mente “espejos del fuego del que todos estamos sedientos”. El fuego lo pone el poeta, crea su máscara-espejo, y nosotros buscamos en él ese fuego que alienta la vida, que revive y que redime.

Dice Wallace Stevens que “Todos los poetas son, en cierta medida, poetas románticos”. A muchos poetas se les han de caer las orejas en pedazos ante esta afirmación. Pero, es cierta. No hay nada más romántico que buscar un poco de soledad para escribir de las emociones y los hechos que suceden a nuestro alrededor. La figura de Arizmendi es de esas. Es un hombre que viaja sin cesar por el mundo, que pareciera no tener raíces profundas en ningún lado. Y no obstante, en cada sitio se acomoda como si desde siempre estuviera allí, anclado. Cada libro suyo es una ancla. Cada parada un destino final.

Mvc 014sBienvenido este libro, Inventar la lluvia, que constituye una obra de madurez literaria y una celebración de la vida. En él vemos cómo destaca la capacidad del poeta para acoger lo que oye, lo que vive, lo que palpa, y mutarlo en tinta. Si algo de lluvia escurre en una piel o humedece un seno, si una sonrisa espontánea ilumina la habitación, si el hijo zurce una camisa, si la muerte, esa maldita, se acerca demasiado a su gente, si los sueños se fabrican en la vigilia o si el cuerpo revive la nostalgia -la saudade-, será motivo suficiente para que Roberto se siente un momento y lo diga en versos para todos, para siempre.

 

Los fantasmas y el nuevo medioevo
en la poesía de Roberto Arizmendi

 

Alejandro Rosales Lugo

¿Qué podría yo agregar en palabras de poesía para un amigo que hace poesía?, voy a buscar las similitudes que hay en el trabajo práctico del poeta.

Arizmendi es de mi generación porque es del año 1945, es un poeta que está en los cincuenta y cuatro años, que es el mediodía del poeta; si un cantante de ópera está en su plenitud entre los cuarenta y los cincuenta años, el poeta Arizmendi también está en la plenitud de su poesía.

El poeta ya no joven, por lo general se vuelve nostálgico; ha dejado la locura de los años de juventud para encontrar la plenitud del poeta. Entonces, encontramos en sus poemas esa plenitud y esa reflexión sobre el ser, se encuentra mucho esa relación del ser, de mirarse, de alejarse de la mujer amada y volver a reinventar el amor. Hay poemas de reinvención amorosa, o sea tomar aquello que está guardado, los testimonios a veces tristes, la nostalgia del amor deshecho para poder reinventar el amor.

La idea de viaje, en la poesía, siempre está en esa consistencia de la lejanía amorosa. Viajar, en el poeta, en el artista, equivale a alejarse un tiempo del testimonio bruto de la creación para volver nuevos testimonios. Dice Nietzche que los poetas usamos el cuerpo amoroso para hacer poesía, lo reinventamos nuevamente y de hecho el poeta es muy tangencial, el poeta es tangible a la palabra corpórea, a lo que se toca, para hacer palabras. Algunos de sus poemas, estoy seguro que están hechos en vida, o en el amor mismo, porque el poeta se protege mucho en el amor para alejarse un poco de la tensión amoroso, de la vivencia amorosa, para escribir y entonces el poeta se vuelve pintor. Hay poesía pintada, poesía que aparece en forma tangible al amor, en la cual el poeta hace distancia del amor mismo, un poco egoísta, sí, y hace lo que se llama poesía amorosa. Yo no he encontrado otra forma de hacer poesía y la historia de los poetas, la historia del arte lo dice que para hacer poesía amorosa hay que hacerla con la mujer amada o con el hombre amado; siempre ha sido así y es el sujeto del poema.

Sobre este libro que he leído, los fantasmas permean todo el libro. Usar la palabra fantasma, es una palabra muy trabajada, sin embargo Roberto Arizmendi la usa en un tono coloquial, casi familiar, en el cual nos da la idea de que los fantasmas se han vuelto creativos. A veces el mal uso de la cuentería, el uso del fantasma ha rebajado mucho la palabra, que a veces hablarla, volverla nuevamente a motivar, cuesta trabajo. Arizmendi a través de sus palabras, en sus poemas, el fantasma aparece no como una figura traviesa sino como alguien solemne, como alguien que cumple una función de reloj, de alegría, dentro del poema.

Otras cosas que encuentro en este poemario, es el vigor de la palabra cotidiana revitalizada. Muchos jóvenes poetas se han vuelto a lo cotidiano, pero como no manejan mucho el lenguaje caen en repeticiones y en lugares comunes. Aparentemente el poeta (Arizmendi) cae en lugares comunes, pero no es así; el poeta cae en lo que llama Umberto Eco el nuevo medioevo; estamos frente al nuevo medioevo; o sea que el poeta está en la frontera del nuevo milenio poético al que también se enfrenta cualquier artista, cualquier creador en estos momentos.

La lluvia, como figura poética, nos lleva a la creación de diosa la creación divina. La lluvia -recordemos a Hemingway- en el sentido del concepto de lluvia que en todas sus novelas está relacionada mucho con la intimidad de la nostalgia; cuando uno ama en juventud, la lluvia lo hace a uno llorar; cuando uno ama en la etapa de la tercera edad, la lluvia se ha vuelto un poco más crítica a nosotros mismos y va rebajando, porque la lluvia tiene el poder de una daga extraordinaria a través del tiempo; la lluvia lima y raspa y destruye. No hay poder más grande que la lluvia, que el agua, por encima del fuego. De los cuatro elementos, la lluvia es un elemento sumamente primordial en cuanto a su capacidad destructora; pero cuando se destruye algo, se crea otra cosa; entonces el concepto de creación a partir de la lluvia es destruir y crear, destruir y crear; y en ese aspecto, Roberto ha entrado a la etapa de meditación y su trabajo poético se aleja de los amores para llegar a nuevos amores, a una nueva intimidad amorosa en la cual propicia esta nueva reinvención de la lluvia que es reinvención de sí mismo.

La lluvia, como figura poética, también nos lleva al espejo. El espejo siempre llega a la cuestión del lago, el agua, mirarse uno mismo, del narciso; entonces, la lluvia también está en esa intimidad del espejo, del llanto, del amor que se va, del amor que viene, del amor a los hijos, del amor a la madre y a los hijos.

En sus poemas de viaje he encontrado -no sé si estuvo en Rusia, hay partes que habla de Georgia, hay nombres en ruso; yo tuve la experiencia de estar allá e inmediatamente se siente ese placer cotidiano de la amistad, de lo que se ofrece-.

Para mí ha sido un placer leer al poeta que se enfrenta ante el espejo de la lluvia, ante el nuevo milenio, que es un reto para cualquier artista, porque el artista debe transformarse, porque todo se transforma, porque es un equilibrio, como lo marca Umberto Eco como el nuevo medioevo, la nueva autorreflexión del mundo, guardar testimonios para lo que viene. Roberto guarda testimonios. Empezamos a guardar cosas para lo que viene, los productos del amor, etc., Roberto los guarda y también nos ofrece nuevos testimonios para el futuro.

Que nos contamine el polvo de la vida

 

Roberto Arizmendi

Hemos de avanzar por todos los senderos para que nos contamine el polvo de la vida, que nos llegue el tiempo para que la historia encuentre su acomodo.

La poesía recoge polvos y abrojos de los senderos, descubre magia y secretos entre los rincones del universo, deambula a través del viento para descubrir como gaviota todo lo que acontece en el mundo, navega a través de los océanos enfrentando vendavales y mar calmo y avisorando luces de los faros para conducir las barcas a que atraquen sin novedad en puerto seguro.

El poemario Inventar la lluvia, ha sido publicado gracias a la generosidad de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca y se presenta en Tamaulipas por los afanes de la Revista A quien corresponda y la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Mvc 850fExpreso mi reconocimiento y gratitud por esta oportunidad de ofrecer a compañeros, amigos y acuciosos buscadores de la belleza a través de la poesía, el contenido de estas páginas del poemario Inventar la lluvia, que pretenden ser una expresión de mi cotidianeidad, hecha poesía a través de la palabra.

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