Ana María Longi (Cd. de México, 30/06/90)

Repaso de la vida

No debemos estar a sus expensas,
la poesía es para vivirla: Arizmendi

Ana María Longi

Un convencido de que la poesía es para vivirla y no para vivir de ella, es Roberto Arizmendi, poeta aguascalentense, quien para no buscar eso, precisamente, vivir de la poesía, desarrolla una amplia actividad diaria como asesor del subsecretario de Educación Superior e Investigación Científica de la SEP.

Anteanoche en la Casa del Libro, y acompañado por los poetas David Velázquez Torres, Mario Sánchez y Víctor Almada, solitariamente -porque nunca “me he incluido en grupo alguno”-, presentó su reciente libro de poesía Repaso de la vida, con el cual se definieron muchos aspectos internos de su trayectoria como creador y como persona, según explayó con sus propios conceptos, como respuesta a un primer planteamiento.

¿Qué valores se manifiestan en un artista, cuando éste se decide a expresar?

– La expresión es una parte fundamental de la persona, sobre todo, cuando su deseo de compartir la vida se convierte en un imperativo. Compartir lo que se piensa, lo que se vive, lo que se siente; todo ello como parte de una vocación propia de cada persona, dentro de ese enfrentamiento inevitable hacia sí mismo y hacia su sociedad

¿Y qué características encontrará el lector en el libro que ahora presenta?

– Repaso de la vida significa retomar aspectos fundamentales como son el amor, la lucha de enfrentar la vida. Enfoca también la importancia de enfrentar la lucha en sus aspectos sociales e individuales, el cuestionamiento del ser. Habla de qué ser y cómo ser en la vida y, finalmente, la filosofía de vida que todos llevamos inmersos. Nos trata de introducir al sentimiento que al hacer la vida, al vivirla, estamos aprendiendo a vivir; entender que se está haciendo amor, pero al mismo tiempo estamos aprendiendo a amar.

Entonces, ¿qué significa un creador?

– Pues podría contestarle lo que un día le dije a Jaime Sabines: “Los creadores son andantes sempiternos. El andante recorre senderos, siempre en búsqueda constante e insatisfecha, sin ocultar flaquezas. Carga sus obsesiones y fantasmas. Lleva siempre su verdad a cuestas. Nómada del amor y encendedor de fuegos; descubridor de estrellas; artífice de espacios infinitos. Se toma de la mano con los dioses y recorre con ellos senderos celestiales, donde no pueden llegar los satisfechos.

“Los andantes aprenden de la vida y de las aves, del canto de las olas marinas y del silencio de los desfiladeros; el viento corre con ellos y la lluvia susurra a su oído un canto eterno de amor. Los andantes no cantan porque sus propios pasos son un canto. Sus ojos observan y encuentran la belleza agazapada en cualquier rincón perdido. Los andantes hacen de cada noche un arco iris y aman… Les acompaña el tiempo y a cada paso saben que están fabricando sus recuerdos para invocarlos en alguno de los senderos del futuro. Aman y gozan. Disfrutan cada segundo. Convierten el instante en infinito”.

Roberto Arizmendi habla también de una experiencia de más de 25 años dentro de la poesía mexicana:

“El inicio de mi actividad literaria surge desde la infancia. Yo soy aguascalentense y desde que estaba en primaria realizaba trabajos de composición diversa, que trajo como resultado un segundo lugar, desde entonces, en un concurso. Mi inquietud por las letras se ha enfocado hacia la poesía, la historia, con especial inquietud hacia la literatura española. En aquella época, el ambiente cultural en mi tierra natal se mostraba muy propicio, fundamentalmente dentro del ambiente académico, lo que dio origen a que yo fortaleciera esta inquietud.

“Empecé a escribir poesía entre los 16 y 17 años, y lo he continuado haciendo como una tarea importante en mi vida, conjugándola con mis actividades de tipo profesional, orientada hacia la educación superior y la planeación y administración universitaria”.

¿Tiene usted una disciplina especial para escribir?

– No. Yo suelo escribir sólo cuando puedo hacerlo; es decir, en todos los momentos permisibles; sin embargo, a cada pequeña acción de trabajo se van eslabonando otras, hasta que el eje temático, al convertirse en algo tangible, da por conclusión la creación de un libro.

Aclárenos: la poesía, ¿realmente está tan relegada como dicen? ¿No será esto una falsa alarma?

– Yo más bien diría que la situación de la poesía es difícil para aquellos que quieren o creen que van a poder vivir de ella. La actividad del creador literario, y no solamente en el género de la poesía, es por lo general difícil. Y es que el creador literario, cuando ya es realmente reconocido, es cuando empieza a editar en grandes cantidades, y es hasta entonces que ya se puede decir que vive de eso. Mientras tanto, como toda la gente que crea literatura en el mundo, tienen que sobrevivir con su actividad y vivir con su vocación. Creo que la poesía es para vivirla y no para vivir de ella.

¿Y qué ha significado para usted que la Universidad Autónoma de Coahuila le haya apoyado en esta empresa literaria? ¿Qué siente como aguascalentense?

– En este aspecto, creo que hay elementos muy importantes. Una de las tareas universitarias es la de dar difusión a la cultura, aún cuando los recursos de que se disponen en el país, son escasos. El caso de mi libro, que ha sido editado por la UAC, corresponde a un esfuerzo que la propia Universidad ha hecho por desarrollar un programa editorial, en donde autores tanto de Coahuila como de otros ámbitos geográficos, tengan la posibilidad de difundir sus ideas, si creación; todo esto dentro del programa contemplado para la difusión de aportes culturales, científicos y tecnológicos.

¿En qué ha consistido su producción?

– Independientemente de un amplio proceso de publicaciones relacionadas todas con la educación, y de haber sido antologado en 53 poemas del 68 mexicano, en mi obra poética cuento como primer libro Las cartas del tiempo, editado en 1979; Historias compartidas, en 1985; Rastreando por la vida, en 1987; Oficio de amar, en 1988; así como un epistolario que se llama Todos los días son octubre, en 1989.

Nos despedimos, cuando en la Casa del Libro, el autor dedica pensamientos a los que adquieren su libro… En realidad “nada ha pasado… aquí los escritores no saben de llantos y amores; sobre los escritorios nunca pasa nada, sólo la interminable lista de acuses de recibo… Los escritores no acusan lo que pasa”.
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Entrevista realizada el día de la presentación del libro Repaso de la vida, en La Casa Universitaria del Libro, de la Universidad Nacional Autónoma de México Orizaba y Puebla, Col. Roma, de la ciudad de México, el jueves 29 de junio de 1990; y publicada en el periódico Excélsior, el sábado 30 de junio de 1990.

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