Alonso Vidal (Hermosillo, Son., 17/04/96)

Cuenta regresiva

Roberto Arizmendi, poeta

Alonso Vidal

Cuenta regresiva 1995-1962, de Roberto Arizmendi me es algo así como un signo de hermandad, pues entronca precisamente con la generación poética de los años sesentas, misma en la que nacimos y navegamos algunos sonorenses -desgraciadamente varios desaparecidos: Abigael Bohórquez, Juan Manuel Corrales, Abel Pino, Juan Eulogio Guerra Aguiluz- quedando vivos solamente Lydia Espinoza Acuña y yo mismo; aunque de manera adyascente y unida debemos considerar a Virgilio Gastélum y Alejandro Romero Meneses.

Pero yo debo de partir a contracorriente, de abajo hacia arriba o de atrás para adelante, en una justificación por la toma de palabra en aquel raigón de entonces, en que la voz se dió viva y ardiente, un poco distinta tal vez, pero inevitablemente cercana a aquel grupo de jóvenes reunidos en La espiga amotinada: Juan Bañuelos, Eraclio Zepeda, Jaime Labastida, Oscar Oliva y Jaime Augusto Shelley. Quizá con miedo todavía dimos de alguna manera salida a la libertad y al destino, encontrando vertiente y modo para cambiar la vida, nuestra vida. La juventud de aquel ayer no pretendía informar de una realidad en virtud de la palabra, del proceso poético. Hay que recordar que entonces “crecimiento” era un término definitorio. El socialismo y la revolución cubana fueron los caldos de cultivo; la intelectualidad latinoamericana respondía a los estímulos; la vanguardia estética y la política se determinaban mutuamente; sin ser forzosamente simultánea tendían a confluir.

En el Distrito Federal como en la provincia la explosión fue inminente. Surgen por otro lado los poeticistas: Marco Antonio Montes de Oca, Eduardo Lizalde y Enrique González Rojo. También llegan José Emilio Pacheco, Homero Aridjis y Gabriel Zaid. En pleno vuelo se encontraba Jaime Sabines y entraba en su segundo aire Efraín Huerta, el Gran Cocodrilo. Por aquel tiempo proliferan las revistas: Cuadernos al viento, Estaciones, El Rehilete, Pájaro Cascabel, el Corno emplumado, Sisifo, Xilote, etc.

Fernando Benitez con sus Suplementos, primero en un diario de gran circulación y después en el semanario Siempre!, excita a lo que se conoció como La Mafia, que agrupaba a Carlos Fuentes, Carlos Monsivais, Juan García Ponce, José Luis Cuevas, Luis Guillermo Piazza, José de la Colina, entre otros.

En este contexto decenas de jóvenes poetas mexicanos se movían y abríanse paso, muchas veces a manotazo limpio; otros con verdadero talento y decir fluído. En estos menesteres andaba ya envuelto Roberto Arizmendi, nacido en Aguascalientes de mamá hidrocálida (por asociación poética me acordé de Fraguas, de Victor Sandoval) y papá de estas tierras, hijo de un nacozarense, quien fue un modesto trabajador cuya vocación, según Héctor Carreto, era viajar, andar, buscar la vida, algo así como un gambusino con manos ávidas cobijadas por los sueños.

Los primeros poemas de Roberto Arizmendi transitan entre el amor y la escolaridad, así como algunas señas por vitalizar la protesta. Son poemas sueltos no coleccionados en libro. Después: Las cartas del tiempo, donde reunió cinco trabajos, en los cuales se nota más soltura y aplomo. Vienen después ya en volumen: Historias compartidas, Rastreando por la vida, Oficio de amar, Repaso de la vida, Navegante sin puerto, Camino sin retorno, Verano que no termina, El mar, origen y destino, Cantos perdidos, Vuelo de gaviotas e Inventar la lluvia. Todas estas ediciones, así como la Antología Cuenta regresiva, han sido patrocinadas por distintas universidades del país. El poeta ha sabido aprovechar muy bien su estancia o participación directa en ellas.

El decoro formal y la expresión de emociones vitales, en todos ellos son rasgos permanentes de su capacidad lírica, donde el sentimiento amoroso ocupa un lugar de relieve. Su obra está impregnada de nostalgia, ensoñación, conocimiento e identificación con el mensaje de la naturaleza, y de un sentido humano que reconoce la gravitación de la belleza y la armonía en lo que existe.

El poeta exige y se saca de su espíritu los propios fantasmas que ha creado para apuntar sus palabras en versos breves, destilados por el rigor expresivo, en función de respeto y amor por el lenguaje al que da orientación exacta al tratar de decir lo que ha vivido, vive y siente.

En sus textos, la tierra, el mar, la lluvia y el existir no son los inmóviles paisajes de adjetivos, sino espacios sutilmente sonoros; no son un alusivo fondo transitorio sino el tema mismo del canto, la medida de su ritmo y la clave de su mensaje humanamente libre, singularmente amoroso.

Sabe Roberto que el poeta, testimonio del hombre, tiene que ser el anticonformista por excelencia. En un mundo que cambia incesantemente, la lengua que recuerda y vaticina no puede ser ni tartamuda ni paralítica. El mundo en evolución, la humanidad en ascenso, exigen otra lengua, otro amor, otro tono.

Pero insisto, eso no puede suceder sin entender ni sentir verdaderamente el amor, ese amor por lo que vive y palpita, por lo que ya no está, por lo que sigue y vendrá. El mismo Arizmendi dice:

“El amor es un acto inacabado, un proceso de búsqueda, una actitud del insatisfecho, del caminante sempiterno, del buscador infatigable, del que niega -por principio- la comodidad de quien pregona haber logrado el todo, incapaz de vislumbrar nuevos horizontes. La vida es un camino en el que se busca y aprende. En este camino importa descubrir los secretos y aprender a amar, como oficio por el cual se arman rompecabezas y se construyen la historia social y las pequeñas historias”.

Han sido la búsqueda, la serenidad y una equilibrada emoción lo que ha presidido el rumbo de los poemas escritos hasta ahora por Roberto Arizmendi, donde ha bebido el aire de su tiempo, recreándolo y transformándolo en poesía. Ahí el orden toma dimensión de aventura, un espectáculo de creación renovada y en eterna ebullición. Bien por él y esa su voz que ha ido quedando manifestada. Salud, pues, y sea bienvenido a Sonora.

 

 

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Texto leído en la presentación del libro Cuenta regresiva, en el Vestíbulo del DICTUS de la Universidad de Sonora, Hermosillo, Son, el 17 de abril de 1996.

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5 respuestas a “Alonso Vidal (Hermosillo, Son., 17/04/96)”

  1. Francisca Palomino dice:

    Hola!
    Ando solicitando informacion sobre ciertos autores del Estado se Sonora y no se a donde recurrir para hayar con sus datos y obras que hayan escrito los autores son los siguientes:
    Alonso Vidal
    Fidelina Caballero
    Ricardo Solis Perez

    Le agradeceria y me ayudara!

    de antemano gracias!

    atte: su amiga! Francisca! 😀

  2. Alma L. Rodríguez E. dice:

    Buscando información sobre Lydia Espinoza Acuña, dí con su página. Me gustaría que se pusiera en contacto conmigo, si es posible, para recabar más infromación sobre esta gran poeta sonorense. Gracias!

    Alma L. Rodríguez E.
    contacto.alore67@gmail.com

  3. Juan Perez Solorzano dice:

    Que bonita su poesia

  4. Eduardo Ritter Bonilla dice:

    EDUARDO RITTER BONILLA
    TE INVITA A HACER CONTACTO CON
    MI PRODUCCION LITERARIA
    PROMETO CONTESTAR TODO CONTACTO

    ESCRIBEME e. mail eritterb@prodigy.net.mx
    GRACIAS

  5. Rafael Sanchez Flores dice:

    HOLA
    CUENTO CON UN ENTRAÑABLE AMIGO POETA EDUARDO RITTER BONILLA
    EN LO PERSONAL CREO SU OBRA LITERARIA ES DE CALIDAD …PERO COMO MUCHOS POETAS ES COMPLETAMENTE DESCONOCIDO INCLUSIVE AQUI EN PUEBLA POR ESO SE ME OCURRE PREGUNTARTE:

    CONOCES DE ALGUN SITIO (NO COMERCIAL) DONDE EL PUEDA SUBIR ALGO DE SU OBRA PARA QUE LO CONOZCAN Y CRITIQUEN.

    HACE UNOS AÑOS SUBIO 500 POESIAS A RINCON DE POESIA (QUE DESPUES LO DIO DE BAJA AL SER COMERCIALIZADO EL SITIO)

    PF, DANOS UNA PISTA DE COMO CONSEGUIR SE CONOZCA SU OBRA, INICIALMENTE VIA INTERNET.
    CANOS TU AYUDA LO SABREMOS CORRESPONDER.
    ATTE RAFAEL SANCHEZ FLORES