Roberto Arizmendi (Aguascalientes, 1945) caminante en búsqueda constante, mexicano, poeta, amante irredento, descubridor del universo a través de la palabra.
El poeta Eduardo Martínez Hernández, mexicano de Ciudad del Carmen, Campeche, dice que “es el poeta de la plenitud y el gozo, todo en él es optimismo”.
Es autor de 36 libros y co-autor en 32, principalmente sobre poesía, género epistolar y educación; ha sido incluido en antologías de poesía y en Diccionarios Enciclopédicos.
Obtuvo el primer lugar en los Juegos Florales “Carlos Pellicer” de Xalapa, Veracruz, México, Mención Honorífica en el IV Concurso de Poesía de la Revista Punto de Partida de la Universidad Nacional Autónoma de México y segundo lugar en el Concurso Estatal de prosa en Aguascalientes.
Mantenedor de los XXXVI Juegos Florales de Ciudad del Carmen, Campeche y coordinador del Premio Latinoamericano de Poesía y Cuento de Oaxaca desde hace nueve años. Dirigió el Taller Literario de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y ha sido jurado en varios concursos literarios y en asignaciones de becas para creadores literarios.
Ha participado en diversos recitales de poesía en México y en otros países, en festivales de poesía y en encuentros de escritores.
Sus poemas y escritos literarios han sido publicados en diversos suplementos culturales de periódicos, gacetas y revistas.
Ha combinado poesía y educación, con la certeza de que ambas entretejen espacios de utopía. Ha sido un estudioso de los fenómenos educativos, testigo del sendero recorrido por la educación superior en las últimas décadas, profesor de educación media y superior, investigador y funcionario en universidades y dependencias educativas en México.
Actualmente, además de su actividad poética, es consultor en planeación, educación y desarrollo.
Su otra gran actividad es la de viajero irredento, gambusino de la vida que va por el mundo descubriendo personas, culturas, arte y valores que surgen de la amplia diversidad que es este mosaico universal en donde el ser humano ha construido su historia a través de los siglos.
La obra poética de Roberto Arizmendi ha impulsado a sus lectores y críticos a expresar comentarios como los siguientes:
Eduardo Langagne:
Roberto Arizmendi, ha venido construyendo su espacio expresivo con propuestas siempre orientadas hacia un mismo destino: el ámbito entrañable del ser humano. Su búsqueda, naturalmente, lo ha llevado a encontrar seductoras atmósferas del poema, hallazgos íntimos que por medio de la palabra propone a la colectividad. La de Arizmendi es una poesía que nos permite ver dentro del poema y alrededor de él.
Waldo Leyva:
Roberto Arizmendi nos confirma la voz lírica de un poeta que ha hecho de la palabra su región más íntima; no su torre de marfil sino su casa abierta a todos los puntos cardinales y, sobre todo, a ese espacio inapresable pero presente siempre, que es el sueño. Para los que hemos tenido el inmenso placer de leer su poesía y de disfrutar su enriquecedora amistad, Sueños (su libro más reciente) continúa una vocación de esperanza que con cierta terquedad sostiene toda su obra.
Bernardo Ruiz:
Quizá lo más fascinante del trabajo poético de Arizmendi es la capacidad del poeta para descubrirse y descubrir. En su poesía radica un sutil erotismo que le da un gran encanto a su trabajo.
José Luis Guevara:
Roberto Arizmendi habla, escribe, hace poesía, tal como vive, siempre con optimismo; con ganas de buscarle sentido y gozo a cada día; la fuerza que transmite en cada verso, es la madurez de esa vida que no desconoce dolor, simplemente no lo magnifica. Una utopía a la cual perseguir y trabajar por ella siempre está presente en su poesía.
Thelma Nava:
Roberto Arizmendi es uno de esos infrecuentes seres con los que uno se encuentra, cuya transparencia y luminosidad nos convierte de inmediato en sus amigos. Desde 1962 en que nació formalmente a la poesía, estableció su poética personal a la que ha guardado fidelidad y supo encontrar su voz propia, que se ha reafirmado y enriquecido a través del tiempo. En su obra, nos habla de la dicha del amor, de los acontecimientos que se arrastran a lo largo de su historia personal, del calor, el fuego, la multiplicación de los días dentro de una misma costumbre; el lento paisaje, la lenta vida, donde el asombro surge a cada instante, donde todo lo que acontece tiene fuego, por ejemplo la vida y el amor; por ejemplo la muerte, la soledad y el olvido.
Elva Macías:
La poesía de Roberto Arizmendi, se inserta en larga la tradición de la poesía amorosa de occidente. Pero en su libro Sueños ya no canta al amor imposible, es una celebración del encuentro amoroso y de su dama -ya no inalcanzable- pero rodeada aún de la ensoñación que la idealiza y ¿por qué no? a través de la poesía, la eterniza y la hace universal.
Daniel Sada:
En la obra de Arizmendi se percibe una rara combinación entre espontaneidad y exégesis, muy al margen, definitivamente, de los rejuegos sensuales y de los devaneos metafóricos, cuyo relumbrón busca a toda costa el impacto, antes que la esencia y la sabiduría.
Guillermo Samperio:
Entre los polos o aspectos contradictorios de la vida actual, dolor y amor, Roberto Arizmendi encuentra la forma de decir el tipo de palabras que le dan cuerpo al sondeo poético.
Héctor Carreto:
Poeta del amor a la mujer, Arizmendi canta al acto de estar con ella, pero la vasta y rica obra poética de Roberto Arizmendi, espejo de los temas humanos, también se extiende al amor a los hijos, a la amistad, a la infancia perdida, a la justicia social, al sueño y el ensueño, a la soledad del hombre frente a la inmensidad del cosmos y a la muerte como un proceso natural.
Hola, Roberto:
Apenas te conocí el sábado pasado en casa de Alejandra y Jaime, apenas leí “Saberte de memoria” y siento que ya te conozco de toda la vida. Tu obra me ha fascinado y tu palabra se ha quedado en mi memoria. Entonces, como dice tu epígrafe, ya formas parte de mi historia.
Ha sido todo un agasajo re-encontrarte.
Estimadisimo roberto:
Te saludo con afecto y con la imagen de los años idos, lejanos, que siempre se recuerdan como significantes momentos de la amistad verdadera. Soy tardío en estos menesteres de la computación, soy, quizas, un segregado de los avances terribles de la tecnología. Pero intento, sin saber si te llegará este mensaje, enviarte un saludo, con el abrazo de mi familia.
La partida de Adalberto.
Esa partida inesperada y algunas circunstancias me hicieron hacer algo que no hacia hace mucho tiempo.
Le pedí al rector que en la comida y entrega de regalos me dejara hacer un breve homenaje al amigo que partió. No puedo dejar pasar este adiós sin que la gente sepa lo que es el aprecio y la gratitus de la colaboración y la entrega, de una amistad y un trabajo, significancia que no tienen los de recursos humanos, para ellos es un borrón de la nómina, un gasto menos….
Luego de que el Rector dió su mensaje me cedió el micrófono. Antes había preparado tres temas en un CD que le entregue al maestro del audio.
El discurso fue así, “Ha partido un amigo, un colaborador, una gente que lucho por ser y mejorar, un amante del rock, la salsa y un buen amigo del tequila y el mezcal. Una gente de resultados y trabajo”. Como buen Oaxaqueño este donde al escuchar el Himnno de los Mixtecos y Zapotecos, los pone de pie dondequiera que estén. Los Tenochcas le reconocemos su valia y les pido ponerse de pie para honrar su memoria. A continuación escuchamos “Dios Nunca Muere”…. (les dí la letra en hojas fotocopiadas y dispuestas en cada mesa). Al terminar les dije, a continuación los universitarios despedimos a un igual que lucho por esos valores universales, y así escuchamos el Himnno de la UNAM, su Goooya con brazo izquierdo en alto. Para terminar los quintanarroenses naturales y convencidos le refrendamos el Himnno de nuestra universidad, la universidad de Quintana Roo (el rector no se lo sabe, dice que no le gusta. Pero ni pex lo tendrá que usar ahora). Un aplauso y un adios. Gracias a todos.
Que quieres, no podía dejar pasar la ocasión para mostrarles a los locales lo que es la amistad y el reconocimiento de la capacidad por los iguales y afines.
Salud.
Sólo escribo mi querido Roberto, para saludarte, me da gusto saber que te va bien, que estas trabajando en lo que te gusta . . . y que además lo haces muy bien . . . celebro nuestros años de ser amigos, gracias por todas tus cartas que me envias, son hermosas, como hermosas son las letras y palabras que en ellas escribes . . . felicidades mi querido Amigo y Hermano.
Padre Paco Merino.
¿Cómo lo puedo conocer personalmente? Algo me intriga en su obra, y me interesa la presencia de los poetas.
Besos.